El silencio de Ospina

Febrero 09, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

Si se hace un análisis a la luz de las denuncias que están haciendo los secretarios de la Administración Guerrero y los concejales se abre un gran interrogante sobre la gestión del gobierno del médico Jorge Iván Ospina: ¿Estamos, acaso, frente a la Administración más escandalosa de la ciudad en los últimos años?No ha habido un día desde que arrancó el nuevo Gobierno que no se desate un nudo de extraña contratación, de presuntos detrimentos patrimoniales, de exagerada vinculación de personal, de pésimo manejo presupuestal y de engaños en el ingreso tributario que condenan a la administración Ospina.No recuerdo en los últimos años un repaso tan exhaustivo a la gestión de una Administración como el que se le ha hecho a la de Ospina. Es desolador e irónico que el mandatario mejor calificado de los últimos años vaya a terminar siendo señalado como el peor alcalde que ha tenido esta ciudad, a la luz de lo que vienen sugiriendo concejales y secretarios. Paradójico, por demás, que muchos de estos cabildantes acompañaron el cuatrienio de Ospina y pocos recuerdos tengo de que dijeran una palabra en contra de esa administración durante ese tiempo.Hoy, el presidente del Concejo, Fernando Tamayo, se ha convertido en el adalid de la moral caleña y quienes ayer eran los íntimos de Ospina, hoy fungen como sus principales críticos. Quienes ayer aprobaron todos sus proyectos, quienes avalaron y se beneficiaron de controvertidos programas, como el de los Guardas Cívicos, hoy son sus más férreos opositores. Qué interesante hubiese sido que ese ‘Concejo admirable’ hubiese denunciado a tiempo qué les ofrecieron para aprobar todos esos proyectos. Qué valor civil hubiese tenido el concejal que nos hubiera revelado cuántos guardas cívicos le otorgaron y cuántos puestos en la administración Ospina le fueron ofrecidos.Bienvenida la denuncia, fuera el oportunismo o el golpe rastrero sin fundamento. Hoy, el médico Ospina está en el ojo del huracán político por cuenta, al parecer, de una serie de falencias y ligerezas cometidas en su administración. La cuenta de cobro por la participación de sus hermanos en el Gobierno está haciendo mella. La prepotencia con que habría actuado en algunas decisiones también le tocan a la puerta. Los enemigos creados durante cuatro años de administración no perdieron oportunidad. Lo más sorprendente es el silencio de Ospina. Un hombre de verbo fácil, que siempre capoteó la crítica y defendió sus ideas, hoy se encuentra marchito, enfrascado en dilemas internos. Ospina le debe una explicación a la ciudad, porque si todo lo que se está diciendo de él es cierto estamos en presencia de una de las administraciones más cuestionadas de la historia de Cali y ante la mentira y el fiasco más absurdo de esta capital.

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