El reto de la paz

Diciembre 11, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

El 2015 se avizora como un año definitivo para alcanzar un acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc. Por lo menos a esto es que le apunta el gobierno del presidente Santos. Sin embargo, también será el año en que el debate político alcanzará los niveles de pugnacidad más altos. La negociación con las Farc está llegando a un punto clave, que algunos llaman de no retorno, pero el tono de las disputas verbales cada vez está tomando un vuelo más alto. El jefe del equipo negociador del gobierno, Humberto de la Calle, lanzó un reto al expresidente y senador Álvaro Uribe para tener un debate abierto sobre el proceso de paz. Dudo que Uribe, el ‘halcón’ que más cuestiona esta negociación, piense siquiera en esta posibilidad.En la medida que se acerque la firma del acuerdo de paz, todo se volverá más confuso y las especies informativas sin mayor rigurosidad inundarán las redes sociales. Precisamente, una de ellas, promulgada por Uribe, es la que ha encendido un nuevo debate. El senador asegura que una de las condiciones para reanudar los diálogos en La Habana es que el gobierno debía entregarle a las Farc parte de los dineros de las regalías.Le correspondió entonces a De la Calle correr a decir que esto no es cierto, como en anteriores oportunidades le ha tocado explicar que no se va a modificar el modelo económico, que no nos dirigimos a un régimen castro-chavista, que no se va a entregar la mitad de las alcaldías a los desmovilizados, que no se va firmar un acuerdo de paz si la guerrilla no entrega las armas…La guerra de la desinformación apenas comienza, el debate se pondrá aún peor y si la guerrilla de las Farc no entiende que hay que ponerle acelerador al proceso, la negociación promete empantanarse en medio de las mentiras y la desinformación que los enemigos del proceso no tendrán ningún reato en divulgar en cuanto medio esté a su alcance.¿Podrá esta salida negociada superar lo que puede ser su peor año? El desgaste de un gobierno que se está quedando sin gasolina, sumado a una guerrilla que se quedó anquilosada y que parece no entender las dinámicas de los nuevos tiempos, más la feroz resistencia de una oposición radical que no encuentra digno de su pensamiento destacar un solo punto de paz en esta negociación, parecen no dar mucho margen de maniobralidad a una esperanza de poner fin a un conflicto de más de 60 años.

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