El invierno de Santos

Septiembre 05, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

Un oscuro y desolador invierno padece hoy el presidente Santos. Como si la oleada de protestas, salidas en falso, renuncia de gabinete y la oposición frotándose las manos no fueran suficientes, ahora aparece la última encuesta de Gallup que le da un deprimente 21% de favorabilidad. Una caída vertiginosa de la cual algunos analistas aventuran que difícilmente se recuperará. ¿Le alcanzarán al presidente Santos estos dos meses para levantar su cabeza y poder anunciar en noviembre su reelección? Si en estos dos meses, Santos no logra revertir la incómoda posición en la que se encuentra, arrastrando una opinión negativa del 72%, difícilmente lo veremos optando por un nuevo periodo. Sería un suicidio político y el Presidente podría terminar con una derrota estruendosa. El Plan B entonces comienza a ser una alternativa real. ¿Y quién encarna ese Plan B?, pues alguien que se ha mantenido a la sombra y que poco ha figurado por estos días: Germán Vargas Lleras.Poco carismático, con fama de gran clientelista, pero efectivo a la hora de hacer política. Dudo mucho que continúe el legado de Santos, pero entre ellos se entienden. Finalmente pertenecen a la misma casta bogotana, por lo que no les será difícil entenderse.Ahora, obviamente Santos no quiere salir por la puerta de atrás, sueña con pasar a la historia como el Presidente que firmó la paz con la guerrilla y que encaminó un proceso de restitución de tierras para las miles de víctimas de la violencia en Colombia.¿Qué debería entonces hacer para revertir esta cascada helada que cae sobre su espalda y que parece arrastrarlo a lo más profundo del río? Es más, ¿existe la posibilidad de que lo pueda revertir en dos meses?No puedo asegurar que le alcance, pero el conteo regresivo comenzó. Un gabinete más cercano, menos centralista y más conectado con las regiones, es indispensable. La desactivación de la protesta social, sin recurrir a la represión, lo ayudará, pero la gran estocada, sin duda, será que las Farc le tiren un salvavidas y que anuncien este mismo año la firma de la paz. Pero a la luz de las declaraciones contradictorias de Santos, el proceso pende de un hilo y no es descabellado pensar que en un acto de desesperación reeleccionista, el Jefe de Estado tire todo por la ventana y acabe con la negociación, con tal de salvar los muebles.Qué momento tan angustiante para el Presidente, qué poca maniobrabilidad política tiene y qué poco tiempo para tomar decisiones. Mientras tanto, el Plan B espera en silencio, sin embarrarse la ropa y esperando tranquilamente que el Presidente siga quemando sus naves.

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