El desgaste del proceso

El desgaste del proceso

Marzo 10, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

No la pasa bien el presidente Juan Manuel Santos por estos días. A la suma de hechos que van desde la inminencia de un racionamiento de energía, la guerra frontal del Centro Democrático y el Procurador y la presión de los partidos de la Unidad para ganar espacio se agrega ahora algo que se veía venir y es que el 23 de marzo será prácticamente improbable firmar el acuerdo de paz con las Farc.Muy poca maniobrabilidad le quedaba a Santos, desde el momento mismo en que hizo ese anuncio. Y aunque resultaba atractivo que el Jefe de Estado buscara acortar los tiempos, la complejidad de los puntos en discusión advertían que cumplir con la fecha del 23 de marzo prácticamente era imposible.Y es que no estamos hablando de simples compromisos de forma. La verdadera ‘carne’ de la negociación está en lo que precisamente no se ha firmado. De allí que el propio Presidente se clavó el cuchillo cuando puso una fecha que lo dejaba sin posibilidades de manejo en aspectos tan cruciales como el cese bilateral y dejación de armas de las Farc; las zonas de concentración; la verificación de todo lo acordado, y las salvedades que quedaron de los puntos ya superados.Solamente los dos primeros puntos requieren una logística y una discusión que no van a estar ajenas a una gran polémica de país. Y es que ni siquiera hoy sabemos cómo va a ser la entrega de armas de las Farc, que ellos mismos se apresuran a aclarar que es una dejación. Pero entonces eso qué significa. A quiénes se ‘dejan’ las armas. Al gobierno definitivamente no, entonces cuál organismo internacional recibiría esos fierros, cuáles son las garantías de que no se devolverán o cómo se hará el inventario de armas. Y el otro punto, el de las zonas de concentración sí que levantará polvareda. En qué zonas del país se concentrarán los guerrilleros desmovilizados, quién garantizará la seguridad de ellos y de las personas que vivan en los alrededores de la zona de concentración. ¿Habrá alguna pedagogía para que una comunidad equis acepte que en su entorno se establezca un frente guerrillero? Como es evidente, no era posible definir esto en quince días. “Yo, por cumplir con una fecha, no voy a firmar un mal acuerdo”, sentenció ayer el presidente Santos y tiene razón, pero pudo haberse evitado todo el desgaste que significa este ‘reversazo’ sino se hubiera apresurado con un ‘ultimátum’ que le resta credibilidad a él y al proceso.

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