El Cantante

Junio 13, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

Pocos saben quién es Héctor Juan Pérez Martínez, pero todos recuerdan a Héctor Lavoe. Su nuevo apellido se lo puso el productor Arturo Francis, quien escuchó a Héctor y dijo “tiene la voz”, que se transformó en Lavoe (la voz en francés), para diferenciarlo del cantante puertorriqueño Felipe ‘La Voz’ Rodríguez. El cantante de los cantantes, El hombre que respiraba debajo del agua, El rey de la puntualidad, se ganó el espacio en el imaginario musical salsero del mundo. En Cali, Héctor fue y sigue siendo ídolo. El 29 de junio se cumplen 20 años de su fallecimiento, pero el pregón de Héctor sigue ‘guapeando’ como ayer. Su vida fue como sus canciones. Muchas de las interpretaciones son su vida misma. El Día de Mi Suerte, El Cantante, La Fama, Juanito Alimaña, Periódico de Ayer, Barrunto, lo dibujan en sus propias tristezas, cantadas con ese fraseo que lo hizo único.Héctor caminó de prisa y como una de sus canciones, su vida fue triste y vacía. Los excesos de la rumba y la mala suerte lo acompañaron no pocas veces. La muerte de su madre cuando tenía 3 años fue su primera tragedia y de allí se desgranaron muchas más que lo fueron consumiendo en vida. 1987 fue su año de quiebre. Ese ‘annus horribilis’, Héctor tuvo una fractura cuando se lanzó desde el tercer piso de su apartamento en Queens, que ardía en llamas; al tiempo, su suegra fue asesinada y nunca más volvió a interpretar Soñando Despierto. Meses después viajó a Puerto Rico para que su padre lo viera por primera vez en tarima, y una semana después el viejo Luis Pérez fallece y lo peor estaba por venir, en mayo su hijo menor, Tito, murió accidentalmente de un disparo.‘Pronto llegará el día de mi suerte, sé que antes de mi muerte, seguro que mi suerte cambiará’. Y no llegó, Héctor… Amado por todos los salseros que le rendían culto a pesar de que no fuera un ‘showman’ en tarima, Héctor no soportó que nadie le preguntara si sufría o si lloraba, si tenía una pena que lo hería muy hondo.Para muchos salseros, Héctor no tenía una gran voz. Tampoco era buen bailarín, pero como me lo dijo Henry Fiol, Héctor tenía calle, tenía alma de barrio, conectaba con ese pueblo al que puso a vibrar con Mi Gente.Cali era su casa y aquí vivió casi un año, caminó sus bares, puso su alma de cantante de calle en Juanchito. Aquí, en esta ciudad, Juanito Alimaña tronó para el mundo. Aquí supimos, primero que todos, que cuando a Juanito Alimaña lo metían preso salía al otro día, porque un primo suyo ‘tᒠen la Policía.‘El rey de las guerras del Cuchifrito’, como recuerda Medardo Arias que lo despidió el otro ‘Malo’, Willie Colón, perdura en la memoria salsera y tiene su sitial en el Olimpo musical caleño del que hacen parte Maelo, El Conde Rodríguez, Barreto Marvin Santiago y Frankie Ruiz.

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