Colapsó el MÍO

Colapsó el MÍO

Marzo 20, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

El caos padecido ayer por los caleños es solo una muestra de cómo un problema al que no se le da solución a tiempo, va creciendo como una bomba que amenaza la movilidad de los caleños. Los actos de vandalismo de propietarios y conductores de buses antiguos contra la infraestructura del MÍO no tiene justificación. El bloqueo de todas las salidas convirtieron ayer a la capital del Valle en ciudad acorralada, sin una solución a la vista.Sin embargo, más allá de este hecho puntual, lo verdaderamente preocupante es como el MÍO, cuyo propósito inicial era mejorar el peligroso y agresivo sistema tradicional de transporte del pasado, cada día que pasa es más rechazado por sus propios usuarios.Hoy, con mucha tristeza, corresponde decir que el MÍO no es un sistema amable con el pasajero. Sus gigantescas orugas azules atestadas de caleños recuerdan los peores episodios de aquellos papagayos, alamedas, blanco y negros y demás singulares buses que circulaban por la ciudad. En la actualidad, el sistema solo es amable con los conductores de carros particulares, pues sacó de las calles a aquellas cafeteras que transitaban por las calles de Cali generando trancones, contaminación y accidentes, con la peligrosa guerra del centavo.Lo sucedido en Bogotá, donde los usuarios en las estaciones han encabezado protestas exigiendo, de manera desesperada, que el Trasmilenio mejore el servicio, lo cual se traduce en una mayor frecuencia y cobertura de la ciudad, debería ser una señal de alerta en la capital del Valle. Pero aquí como que nadie se da por enterado. Entonces, cuando los cansados usuarios del MÍO caleño protesten, imagino que la única respuesta será mandar al Esmad para que controle a esos ‘subversivos’.Nada ganaremos si con la salida de la totalidad de buses antiguos los transportadores propietarios del MÍO no sacan todos sus gigantes azules para mejorar la cobertura en la ciudad, aumentan la frecuencia de paso de los mismos y mejoran la comunicación con los usuarios. A la par, el Gobierno local debería considerar que una ciudad, con el desarrollo y crecimiento de Cali no puede tener un único sistema de transporte, que en cualquier momento puede colapsar. Es hora de desempolvar propuestas y analizar si aquella idea de construir un tren ligero, aprovechando la infraestructura existente en la ciudad, se muestra como una alternativa económica y confiable para el futuro de la movilidad de la ciudad.

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