Cercados por la criminalidad

Febrero 10, 2017 - 10:51 a.m. Por: Gerardo Quintero

El fin de semana pasado, comprendido entre el viernes 20 y el domingo 22 de agosto, se presentaron en Cali trece homicidios y 1.718 riñas. Es decir, que en promedio la Policía tuvo que atender 572 enfrentamientos entre personas, que lógicamente dejaron decenas de heridos. Hoy la ciudad se enfrenta una difícil situación de orden interno que parece haberse escapado de las manos de sus autoridades civiles y militares. Hasta el 21 de agosto, en la capital del Valle se habían contabilizado 1.104 homicidios, una cifra muy parecida a la del año pasado, pero no menos preocupante. Lo que sí está aumentando dramáticamente son las muertes por lo que las autoridades denominan intolerancia. Eso seguramente fue lo que ocurrió el fin de semana pasado cuando un albañil del barrio Realengo, cerca de Terrón Colorado, decidió matar a cuatro personas porque lo habían sacado de una reunión en la que se encontraba. El respeto por la vida en Cali es de una insignificancia que aterra. Es tan poco el valor que se le tiene, que según el comandante de la Policía Metropolitana, general Miguel Ángel Bojayá, el 60% de los hechos de sangre que ocurren en la capital del Valle están mediados por problemas de convivencia social.Si a este caldo de cultivo le agregamos un alto índice de desempleo (14%), la presencia de cinco oficinas de sicarios, el azote de más de 400 pandillas juveniles y un aumento considerable del consumo de droga y la prostitución, tenemos una ciudad que está llegando a su punto más extremo sin que las autoridades parecieran darse cuenta. La confusión reina y a juzgar por los procedimientos no hay un trabajo mancomunado entre la Alcaldía, la Policía, la Fiscalía y la misma comunidad. Por un lado, la Alcaldía responsabiliza al Gobierno Nacional porque se dedicó a reforzar la seguridad en la zona rural y la descuidó en las ciudades. Acusa también a la Fiscalía de no tener dientes y de dejar pasar los tiempos para juzgar a criminales detenidos en flagrancia. La Policía, por debajo de cuerda, critica a la Alcaldía por no proporcionar suficientes recursos para adelantar operativos en los barrios y también arremete contra Fiscales por dejar en libertad a delincuentes. La Justicia se queja que está trabajando con las uñas y que ni siquiera tiene un sitio en el cual desarrollar su labor. La comunidad, por su parte, permanece aterrada, con miedo de denunciar y perdiendo, cada día que pasa, más y más confianza en sus autoridades.Mientras el panorama se oscurece, delitos de alto impacto, como el robo de automotores, por citar un ejemplo, están sin freno. Aunque Cali tiene tres veces menos vehículos en circulación que Bogotá, es en esta ciudad donde se produce el mayor número de robo de carros y motocicletas en Colombia. Según el presidente de las Asociación del Sector Automotor y sus Partes, Asopartes, Tulio Zuloaga Revollo, ese tipo de hurtos en la ciudad ha aumentado en 4%, mientras paradójicamente en el resto del país ha bajado en ese mismo porcentaje. Mientras el año pasado se robaron 2.355, la mayoría en atracos o halados por delincuentes, este año van 2.485.La criminalidad, es indudable, nos está cercando y si no unimos esfuerzos que involucren mayor presencia de las autoridades, oportunidades laborales, espacios lúdicos para los más jóvenes y aprendizaje del respeto a la vida desde la niñez, vamos directo a convertirnos en una ciudad invivible y pasaremos inexorablemente de ser la sucursal del cielo a una patética filial del infierno.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad