Casa tomada

Casa tomada

Mayo 31, 2017 - 11:45 p.m. Por: Gerardo Quintero

“La violencia, para nosotros, era un estilo de vida”, así recuerda Cass Pennant su época cuando era uno de los líderes y ‘hooligan’ más temidos de Inglaterra. Fue el primero en ser condenado por la violencia que generaba desde su temida barra Inter City Firm. Y con él comenzó también todo un proceso que derivó en el Informe Taylor y posteriormente en el Football Disorder Act, que cambió drásticamente el comportamiento en los estadios y alrededores en Inglaterra.

Aunque muchos analistas difieren de las maneras en que hay que enfrentar este fenómeno de las barras, que en Cali particularmente se ha salido de las manos, vale la pena darle una mirada a lo que se hizo bien en Inglaterra y que permitió devolver la seguridad en los estadios.

Si no se toman acciones urgentes pasará lo de siempre. En dos meses esto se olvidará. Los jefes de las barras adoptarán el perfil bajo, se disculparán, limpiarán un parque y arreglarán unas matas. Tiempo después, a la víspera de un clásico futbolero ocurrirá un nuevo desorden, un par de muertos, decenas de heridos, destrozos. Se repetirá el círculo vicioso y todo será como las veces anteriores. Dirigentes deportivos, políticos, jugadores y periodistas están untados hasta el cuello. Todos dejaron prosperar y aún apoyan a estas barras tras bambalinas, con comportamientos de bandas criminales. Como en el cuento de Julio Cortázar en el que una presencia intrusa va expulsando paulatinamente a los dueños de la vivienda, hoy la casa está tomada.

¿Qué se puede copiar de los ingleses? Mucho, primero carnetizaron a los miembros de las barras. Instalaron cámaras en las tribunas más complejas para identificar a los revoltosos. Infiltraron a sus mejores agentes en las tribunas para detectar los saboteadores, violentos, vándalos y vendedores de alcohol y drogas. No permitieron más que la gente saltara en las tribunas, todos sentados, punto. No permitieron el ingreso de personas alicoradas o drogadas (en Cali, la mitad se quedaría afuera). Aumentaron drásticamente los precios de la boletería, hasta tres veces el precio original. La empresa privada y los canales de televisión pagaron muy bien la televisación de los partidos para que los que no podían pagar una boleta pudieran ver el juego en casa. Aumentaron penas de cárcel a los revoltosos e impidieron la entrada de por vida a los estadios, a quienes propiciaran actos violentos en una cancha o los alrededores del estadio.

Sé que el presidente de la Dimayor quiere sentar un precedente y dar un vuelco radical al fútbol colombiano, en esta materia. Ha encargado a una comisión de directivos de clubes para aprobar una serie de reglamentaciones, que incluso contempla sanciones de por vida para ellos mismos si se comprueba su participación en el apoyo a estas ‘barras bravas’. ¿Saben qué va a pasar con esa comisión? Nada, es como pedirle al ratón que cuide el queso.

Me quedo con las palabras que le dijo Cass Pennant al periodista Daniel Cortés, del diario deportivo As. “Siempre hay dos partes en la vida, y llega un momento en donde uno tiene que elegir entre un camino y el otro. No esperen que lleguen las tragedias para actuar”.

Sigue en Twitter @Gerardoquinte

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