Carta a Rosa Elvira

Febrero 10, 2017 - 10:51 a.m. Por: Gerardo Quintero

Qué dolor en el alma se siente al escribir estas letras. Qué dolor de país conocer tu historia. Qué vergüenza se siente al saber que tu vida terminó de esta forma y que yo tenga que escribir de tu dolorosa muerte.Siento pena y dolor. Pena porque te tocó un país que no te protegió, no te dio oportunidades y que permitió que un hombre violento, que ya había cometido un asesinato y abusado sexualmente de dos menores estuviera tranquilo en las calles y cometiera un nuevo crimen. Perdón, Rosa, perdón por lo que este (si se puede llamar así ) hombre te hizo. Perdón porque ningún ‘hombre’ actuó a tiempo para evitar que ese asesino no saliera de la cárcel.Qué rabia que ya no puedas estar con tu hija. Qué triste que tus sueños de volverte bachiller, de superarte en medio de tu pobreza se frustaran por un desalmado, un peligro social, como tantos otros hay en nuestras ciudades. Rosa, qué pena que hoy tengas que engrosar esa lista oprobiosa y de vergüenza que dice que en Colombia cada tres días una mujer es asesinada. Esa misma fría y triste estadística que advierte que diariamente 140 mujeres como tú son agredidas y cada hora dos son violadas. Qué triste que esa madrugada del 24 de mayo, en el Parque Nacional, tu fuiste una estadística más. Lo triste es que este país de cafres olvidará tu caso, como el de tantas otras y no pasará nada. Seguramente a tu asesino le darán una rebaja de penas por su confesión, lo liberarán luego que demuestre una enfermedad mental o simplemente se fugará de alguna de nuestras seguras cárceles.Qué dolor, Rosa, tener que contarte esto, pero tal vez ni te enteraste que un mes antes de tu caso, en Cali se presentó un hecho similar al tuyo que no tuvo ninguna repercusión en los medios de comunicación. Sí, Tatiana Lloreda, una bella mujer de 31 años, fue asaltada mientras caminaba hacia su casa en el barrio Calimio, en la Comuna 21, al oriente de Cali. Un hombre, del que nadie sabe nada, nadie vio, ni nadie reportó, se le acercó y con amenazas la llevó bajo un puente. En ese lugar la violó y luego le dijo que no lo mirara mientras huía.Rosa, nunca sabrás que cuando Tatiana intentó asegurarse de que su agresor se había fugado, observó aterrada que el maldito volvía con el propósito de asesinarla. Le disparó cuatro veces en el pecho y en el abdomen y luego escapó,seguro de que le había asesinado. Rosa, al igual que tú, con esa fuerza y voluntad que solo tienen las mujeres, Tatiana salió del puente y empezó a pedir auxilio hasta desplomarse. Un taxista que iba pasando la vio y la llevó al Hospital Universitario del Valle. Hoy, como tú en su momento, Tatiana está en coma, su mamá llora todo el día, su hijo de 15 años no entiende cómo pasa eso en su ciudad, en su país, por eso se quiere ir y lo entiendo.Rosa, tal vez tampoco nunca lo supiste, pero Tatiana también entró a engrosar una fría estadística, la misma que dice que el Valle es el segundo departamento en el que más mujeres han sido asesinadas. Hasta mayo, los asesinos habían acabado con la vida de 72 mujeres. Pero no son solo estas agresiones hacen parte de la vida de las mujeres colombianas. Insultos, acosos sexuales, ataques intrafamiliares, subvaloración a su condición femenina son una constante en un país que no se cansa de reproducir una y otra vez sus violencias cotidianas y luego, Rosa, no entendemos por qué Colombia se vuelve inviable.Qué dolor en el alma se siente al escribir estas letras. Qué dolor de país conocer tu historia. Rosa, perdónanos.

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