¿Cali sin zanahoria?

Julio 10, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

La medida del Alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, de extender el horario de rumba en algunas zonas de la capital del país hasta las 6:00 a.m. abre un debate sobre la posibilidad de que esta propuesta se contemple para Cali. Teniendo en cuenta que Bogotá siempre es un piloto para medidas que luego se pueden extender al resto del país, vale la pena analizar si es posible aterrizarla en la capital del Valle. Al venderse a Cali como la capital de la rumba, la ciudad no ha sido ajena a diferentes propuestas en tal sentido. Distintas administraciones locales han intentado promover estrategias para ‘liberar’ la rumba. Vale recordar que en algún momento se pensó en crear una especie de zonas de tolerancia de la rumba o realizar unos pilotos los fines de semana extendiendo la hora de la diversión para observar el comportamiento de los caleños.Sin embargo, ninguna de estas propuestas se ha podido llevar a cabo teniendo en cuenta los altos índices de homicidios y la tasa de accidentalidad cada fin de semana.¿Teniendo en cuenta que los índices de homicidios en Cali han disminuido un 27% sería posible contemplar esta posibilidad? Los propietarios de establecimientos nocturnos sostienen que la ciudad está madura para ello y afirman, como su gran argumento, que los crímenes no se cometen ni en los sectores de la rumba ni en zonas aledañas. Además, sostienen que los más beneficiados con la ley zanahoria de cali son las discotecas de Menga y Juanchito, adonde se desplazan los caleños que quieren seguir azotando baldosa.No obstante, me temo que la ciudad no está preparada aún para asumir ese paso. Aunque es cierto que ciudades como Nueva York, Miami, Madrid, Buenos Aires, entre otras, no tienen las restricciones de la rumba que hay aquí y son vendidas, al igual que nuestra ciudad, como destino de diversión, las mismas no tienen los graves problemas de inseguridad de la capital del Valle.Apenas ahora se está registrando una disminución de homicidios y me temo que entrar en este experimento podría dar al traste con este proceso. La combinación de alcohol y armas, que pululan en la ciudad, sumado a la intolerancia y agresividad de muchos caleños, hace que desconfiemos de la posibilidad de extender la diversión en esta capital.No somos una sociedad educada, que tenga autocontrol y que entienda la diversión como un espacio en el que se va a disfrutar y no a emborracharse hasta el fin, buscando camorrra o intentando llegar a la casa conduciendo un automóvil en estado de ebriedad. Por mi parte, prefiero dejar los ‘santos quietos’ y que la rumba en la ciudad siga teniendo controles y ojalá más exhaustivos porque los ‘after party’ en casas de Ciudad Jardín, Versalles y San Vicente son archiconocidos para todos menos, al parecer, para la Policía.

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