Caída infernal

Caída infernal

Diciembre 22, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

El agónico y triste descenso del América de Cali a la segunda división del fútbol colombiano es el colofón de una serie de acciones destructivas que llevaron a este popular equipo a escribir la página deportiva más triste de sus más de ochenta años de historia.El espejismo que vivió América en aquellos años ochenta cuando desfilaron los mejores jugadores de Colombia y hasta de Suramérica, gracias al dinero del narcotráfico de los Rodríguez Orejuela, se fue diluyendo con el paso del tiempo y, la captura de los hermanos Rodríguez fue allanando el camino para la hecatombe deportiva que sufre hoy el equipo.Muchos aficionados atribuyen a los últimos técnicos y jugadores la debacle del equipo, pero no se detienen a pensar que fue también la desidia de los propios hinchas, autoridades locales y nacionales las que no permitieron salvar a este equipo, que cuenta con una de las aficiones más grandes del país.Para nadie era un secreto que América era administrado por la familia Rodríguez y una vez cayeron los capos ninguna autoridad fue capaz de ponerle el cascabel al gato y despojar de las acciones a los hijos y sobrinos que continuaron dirigiendo el equipo tras bambalinas. Mientras en Bogotá y Medellín toda la atención se centró en acabar cualquier vestigio de los capos Gonzalo Rodríguez Gacha y Pablo Escobar, en Millonarios y Nacional, respectivamente, en Cali sucedió todo lo contrario. Aquí no hubo autoridad, todos decidieron voltear la cara hacia otro lado y dejaron marchitar una institución deportiva que, les recuerdo, no nació con los Rodríguez Orejuela. América se fue rumbo al desfiladero sin que nadie lo detuviera, en caída libre mientras toda la ciudad contemplaba, sin levantar su voz, los oscuros manejos, las pésimas contrataciones y la ruina de un club emblemático de la ciudad, así a muchos no les guste. Los pocos intentos, como los del alcalde Jorge Iván Ospina, naufragaron en medio del desconocimiento de los directivos que llegaron al supuesto nuevo América y por la crítica feroz de la crónica deportiva. Hoy, nuevamente, nadie sabe quiénes son los dueños del América. La Dimayor, siempre ciega cuando de trapisondas y marrullas se trata, no dice nada. Coldeportes no se pronuncia. La Alcaldía ya no se mete. Por eso, ante la indolencia y negligencia de tantos organismos, me temo que la permanencia en la B puede ser más larga de lo que estiman los hinchas americanos.

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