A la brava

A la brava

Junio 17, 2010 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

Absurdo, sin precedentes, lesivo para la normatividad jurídica, fueron los calificativos usados por el procurador Alejandro Ordóñez, para rechazar la decisión de la Sala Disciplinaria del Consejo Seccional de la Judicatura del Valle, que sorpresivamente suspendió el fallo a través del cual fue destituido e inhabilitado por diez años para ejercer cargos públicos el ex gobernador Juan Carlos Abadía.Aunque no me cabe duda de que el fallo será confirmado, desafortunadamente Abadía y su equipo jurídico y de gobierno lograrán al final su cometido. Esto no significará, desde luego, el regreso del polémico ex Gobernador a la Sede de San Francisco, pero sí la posibilidad de extender este proceso en el tiempo y evitar que se realicen nuevas elecciones en el Departamento. En última es el gran propósito que buscan Abadía y su gente: perpetuar el manejo controvertido de las finanzas, contar con el obsecuente apoyo de los arrodillados diputados y seguir mostrándoles a los alcaldes de bolsillo de la región que ‘el gober’ sigue mandando.Es lógico, mientras no se adelanten los fallos de primera y segunda instancia, tanto en la Sala Disciplinaria del Consejo Seccional de la Judicatura, como el Consejo Superior de la Judicatura, no se podrán realizar las elecciones, debido a que hasta el 30 de junio hay plazo para convocar el debate electoral. Como sabemos, la Justicia y más en estos casos, con político de por medio, opera lentamente y estoy seguro que no habrá mucho afán por decidir antes de la fecha señalada.Esto, obviamente, permitirá maniobrabilidad al Gobernador para dejar a su elegido. Seguramente se contactará con su gran amigo Andrés Felipe Arias, en aras de que le ayude con el presidente Uribe, para a su vez recomendar ‘al mejor hombre’ del gabinete. Abadía necesita alguien que mantenga el estado actual de las cosas, un amigo que no vaya a revolver el dulce porque de pronto lo corta. Al jefe del antiguo ADN, hoy convertido en PIN, le urge seguir gobernando en cuerpo ajeno y bastantes que sí tiene en San Francisco. Fiel a su estilo sinuoso, astuto, entreverado, Juan Carlos Abadía se niega a abandonar el poder. Aquí no importa que el Valle siga siendo el divertimento en altos círculos políticos y jurídicos del país, tampoco que exista una sensación incómoda de que el Departamento está al garete administrativamente. Nada, lo que importa es que Abadía y su séquito aseguren su cuota de poder y se reacomoden en el gobierno de Unidad Nacional.

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