La mujer ha sido discriminada

Noviembre 05, 2011 - 12:00 a.m. Por: Fray Luis Patiño

Hay que reconocer, con mucho dolor, que en la institución eclesiástica católica la mujer ha sido y es discriminada de muchas maneras, no sólo en relación con el ministerio sacerdotal.Pero esa discriminación no existe desde que se fundó la Iglesia hace 20 siglos. Al inicio del Cristianismo las mujeres tuvieron un protagonismo evidente. Baste recordar algunos hechos de la historia de salvación. Por ejemplo, Dios para hacerse hombre, en vez de hacer algo milagrosos o extraordinario, prefirió encarnarse en el vientre de una mujer; fue una mujer la primera a quien se le apareció Jesús resucitado; María de Magdala fue una super-apóstol directamente instruida por el mismo Jesús…Pero, poco a poco, los varones anularon ese protagonismo, comenzando por decir que María Magdalena había sido una prostituta y se apoderaron del poder en la institución eclesiástica, relegando entonces a la mujer a un segundo plano.Es evidente que esta discriminación está en contravía de la práctica de Jesús. Él se atrevió a quebrantar costumbres y normas de su tiempo en relación con la mujer y las trató de manera muy deferente: se dejó acariciar por una pecadora pública en una cena que le ofrecía un fariseo, defendió a una mujer a quien los puritanos querían apedrear y aprobó el elogio de la multitud al “vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron”.No hay ninguna razón para discriminar a la mujer en la institución eclesiástica. Deben tener los mismos derechos y deberes que los varones. Pero sin renunciar a su feminidad. Sería un contrasentido tener sacerdotisas que copian el modelo masculino del sacerdocio, como sucede en algunas iglesias separadas: ¡Hasta se visten de negro y usan cuello eclesiástico!Necesitamos, en cambio, ministras, servidoras de la comunidad eclesial que expresen realmente los valores, el talante, la idiosincrasia de lo femenino.Dios nos creó varón y mujer y nada puede funcionar correctamente si no tiene la impronta de lo femenino y de lo masculino.Muchos de los problemas que tenemos en la Iglesia se han agudizado, entre otras cosas porque sólo se enfocan desde la idiosincrasia masculina. La situación sería muy diferente si las mujeres tuvieran poder de decisión en todas las esferas.Entre otras cosas, la institución eclesiástica no sería una pirámide jerárquica, sino como una mesa redonda con todos sus miembros en pie de igualdad. Habría más ternura y tolerancia. La aplicación tajante de la Ley Canónica cedería ante la fuerza del amor y la compasión.Tarde que temprano todo esto será una realidad por la fuerza del Espíritu y de la conciencia crítica que van teniendo las mujeres, que ya no se resignan exclusivamente a llenar las iglesias, sin voz ni voto, totalmente sumisas a la autoridad masculina. Entre todas y todos lo podemos lograr.

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