Jesús en el Vaticano

Octubre 30, 2010 - 12:00 a.m. Por: Fray Luis Patiño

Anoche tuve un sueño que se me convirtió en pesadilla: Jesús de Nazareth no estaba contento con la manera como su vicario, el Papa, y los empleados del Vaticano estaban dirigiendo la Iglesia. Le preocupaban, sobre todo, los escándalos del Banco del Vaticano, la reprimida sexualidad de algunos sacerdotes y la búsqueda de poder y prestigio. Entonces resolvió dejar el cielo y venir a Roma. Mandó de vacaciones al Papa y a los cardenales y se puso a gobernar la Iglesia.Lo primero que hizo fue alquilar un pequeño apartamento en un barrio periférico de Roma a donde se fue a vivir. Luego entregó a la Unesco todos los tesoros de los museos vaticanos, de la Basílica de San Pedro y de la Casa Pontificia. Suprimió el Estado del Vaticano y lo convirtió en un barrio popular con un proyecto de vivienda para los pobres que viven en la calle, para los marginados. Cerró el Banco Vaticano y entregó a las autoridades italianas todos los dineros ‘calientes’ ahí depositados.Invitó a un grupo de indigentes al comedor de su apartamento para una cena con pan y vino, les dijo que eso era su cuerpo y su sangre, y que repitieran esa comida en sus casas cada vez que quisieran recordarlo y sentir su presencia.Cuando llegó el día de la audiencia pública del Papa en la Plaza de San Pedro, la multitud estaba muy nerviosa esperando que apareciera el Sumo Pontífice en su ‘papa móvil’ con su impecable sotana blanca, sus exclusivas zapatillas rojas y su anillo de oro. Pero el Papa no llegó y Jesús, en ‘bluyines’, se bajó de un bus para reunirse con los drogadictos y prostitutas del Transtevere y les dijo que ellas y ellos son bienaventurados y los preferidos de Dios.Ante semejante ‘desorden’, los encargados de la obra de Dios protestaron y promovieron un Concilio Ecuménico que, por mayoría absoluta de votos, decidió exigir a Jesús que respetara la suprema autoridad del Papa y no siguiera quebrantando el Derecho Canónico, y los rituales oficiales de la Iglesia.Jesús, entonces, se dio cuenta que no podía seguir gobernando a la Iglesia y resolvió regresarse al cielo muy triste y fracasado.¡Soñar no cuesta nada!

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