Cristianismo y sexualidad

Diciembre 14, 2011 - 12:00 a.m. Por: Fray Luis Patiño

Quisiera ofrecer algunas consideraciones para ilustrar la mente y el corazón de los creyentes en relación con la sexualidad y la procreación. Me parece que muchas católicas y católicos ponen en duda la credibilidad de la doctrina oficial sobre tan delicados temas. Eso nos tiene que preocupar.Al magisterio eclesial le corresponde interpretar y expresar, de manera oficial, a la luz de la Palabra y de la Tradición, lo que el Espíritu dice en el corazón de los creyentes. El “sentir común de los fieles” es un elemento muy importante que ilumina y enriquece ese magisterio. Cuando no coinciden lo uno con lo otro se distorsiona la voz de Dios.De acuerdo con ese magisterio, la sexualidad y la genitalidad no necesariamente están ordenadas sólo a la procreación; deben estar al servicio del crecimiento personal y de pareja y son un elocuente y hermoso lenguaje erótico, diseñado por el mismo Dios, para expresar amor y compromiso mutuo.Sólo se pueden engendrar hijos cuando la pareja está en condiciones de cuidarlos convenientemente. Engendrar hijos que van a sufrir hambre, ignorancia y abandono es un acto inmoral. Por eso hay obligación de planificar.Pero el actual discurso oficial de la jerarquía católica, célibe y masculina, condena todo tipo de anticonceptivos. Sólo se acepta el 'método natural' y la abstinencia sexual. A pesar de ello la inmensa mayoría de católicas y católicos utiliza métodos artificiales y afirma que eso no es pecado. El discurso oficial, en este caso, no coincide con el “sentir común de los fieles”.Oficialmente también se condena todo tipo de relación sexual entre los novios; deben llegar vírgenes al matrimonio. La mayoría de novios católicos juzga que eso no es pecado, si ya son pareja estable y se aman de verdad.¿Cómo vamos a resolver esta cada vez mayor ruptura entre doctrina oficial y praxis católica?En todo caso donde hay amor verdadero, ahí está Dios, como lo recordó el Papa. Todo lo que se hace por amor auténtico es santo y bueno. Por otra parte, hay que saber escuchar la conciencia personal, debidamente ilustrada.Por todo esto, muchas católicas y católicos opinan que ya es hora de revisar el discurso oficial de la Iglesia sobre sexualidad y procreación y devolverle credibilidad al magisterio eclesiástico, teniendo muy en cuenta el “sentir de los fieles” y todo lo que el Papa ha dicho sobre el amor humano, como eros y ágape.A todos nos beneficia gozar de una autoridad eclesiástica plenamente aceptada y actualizada.

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