Uno no sabe lo que tiene

Uno no sabe lo que tiene

Mayo 27, 2018 - 06:50 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

No hay Estado perfecto, incluido el nuestro. Pero el nuestro, contrario a lo que se cree, tiene unas fortalezas importantes comparadas con otros países de la región: fortalezas no siempre valoradas o que se dan por hecho, por los problemas que nos atropellan a diario y por los enormes desafíos que aún enfrenta Colombia. Pero que deben tenerse presentes en la actual coyuntura política, pues esos activos podrían estar en riesgo.

Sin minimizar las angustias de carácter fiscal que nuestro país ha tenido que afrontar a lo largo de su historia, Colombia se precia -y así se le reconoce a nivel internacional- de ser serio en materia económica. A nadie se le pasa por la cabeza que no cumpla sus obligaciones crediticias, sufra una hiperinflación o se cercene la propiedad privada. No en vano las calificadoras de riesgo suelen evaluar bien al país a pesar de sus retos.

Similar ocurre en lo institucional. Los poderes públicos son relativamente funcionales e independientes, sin desconocer sus falencias. El país cuenta además con muchísimos servidores públicos muy bien preparados -envidia de otros países en la región- y con mecanismos de pesos y contrapesos que mal que bien operan en medio de una cultura burocrática y en ocasiones paquidérmica, pero que permite cierta predictibilidad.

Ligado a lo anterior está la seguridad jurídica. Si bien no es infalible y dependiendo del sector y del momento se presenta una mayor o menor incertidumbre en la estabilidad de las reglas y la aplicación de la ley, es un país con cimientos legales medianamente sólidos. Esta característica ha contribuido a través del tiempo a generar una confianza mínima y a que, independiente de problemas delicados, sea atractivo a la inversión.

La libertad de prensa es otro valor del país. Sin desconocer ni olvidar la violencia que se ha ensañado con muchos periodistas, independiente de la ideología, del medio y de su influencia, el ejercicio de este derecho ha sido un pilar de nuestra democracia. Los poderes públicos pueden disentir con los medios pero la censura oficial no es usual. Hay mucho por mejorar, pero comparado con otros países, tenemos una prensa libre.

A estos cuatro pilares se suma uno igual de importante pese a sus lunares: el sistema político-electoral. Sin soslayar los problemas de corrupción y la práctica transaccional en el ejercicio político, Colombia tiene una valiosa tradición democrática. Los golpes de Estado han sido excepcionales. En 208 años de Independencia se han realizado más elecciones que en Estados Unidos, con fallas pero pocos países pueden decir lo mismo.

Lo anterior no significa que todo marche bien, pero el país tiene unas fortalezas nada despreciables. Y tan no todo es color de rosas que pese a importantes avances en otros frentes como el de la infraestructura, la seguridad y la reducción de la pobreza, es un país de desarrollo medio que aún se debate a diario entre la legalidad y el crimen, la autoridad y la anarquía, la formalidad y la informalidad, la honestidad y la corrupción.

De ahí la importancia de esta elección. Damos por sentado que la propiedad privada se respeta y el manejo económico es adecuado, que contamos con una institucionalidad y una seguridad jurídica básica, que la prensa es libre y las elecciones se llevan a cabo; a cierto orden constitucional. Pero estas fortalezas del país no están garantizadas. Lo dice un refrán: “Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. A votar con la cabeza.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

VER COMENTARIOS
Columnistas