¿Una nueva bonanza?

¿Una nueva bonanza?

Noviembre 19, 2017 - 06:55 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Próximos a concluir el año se registra una mejoría de la industria petrolera en el país. El incremento continuo en los precios internacionales desde el mes de junio (pasando de 45 a 64 dólares el barril), el aumento en pozos exploratorios (de 21 en 2016 a 44 en 2017) y el descubrimiento de petróleo en 31,7% de los pozos perforados, permiten afirmar que la industria se ha recuperado y que hay razones para ser más optimistas.

Pero una cosa es que la industria esté mejor y haya razones para pensar que la crisis pasó y que el próximo año debería continuar su recuperación y otra cosa muy distinta sugerir o afirmar que se avecina una nueva bonanza petrolera y salir a cantar victoria. Analicemos los factores que explican el optimismo para luego aterrizar en la realidad, no sea que reincidamos en errores del pasado cuando estos aún no están superados.

Los precios del petróleo se han recuperado. Es una buena noticia dado que la industria daba por hecho que continuaría alrededor de US$50 el barril; superar los US$60 desde finales de octubre es algo con lo que no se contaba. Pero debe entenderse que obedece a un incremento en la demanda por la llegada del invierno en el hemisferio norte y la expectativa de un acuerdo de Rusia y la Opep para mantener el recorte en producción.

Ha sido además un mejor año que 2016 que se evidencia en un repunte de la actividad de los taladros (de 41 a 91) resultado de un aumento en la inversión en exploración y producción que pasó de 2.300 a 4.400 millones de dólares. Pero estamos por debajo del nivel alcanzado en 2013 y de lo que el país necesita; ese año tuvimos 131 pozos exploratorios (cuando este año van 44) y cerca de US$8.000 millones en inversión.

Es una buena noticia, además, tal como lo señaló el Presidente de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, que uno de cada tres pozos perforados en 2017 haya sido exitoso, es decir, que se encontró hidrocarburo y no se declaró “pozo seco”. Además de cuatro de siete pozos exitosos en Costa Afuera. Pero falta examinar si la calidad y el volumen permitirán que sean pozos comercializables, es decir, que su extracción sea rentable.

Si añadimos el leve incremento en la producción de octubre (863 mil barriles vs 852 mil en septiembre) y una producción promedio en lo que llevamos de 2017 de 853 mil barriles (cuando el Gobierno estimaba serían 840 mil), es otra buena noticia. Pero, no olvidemos que venimos de un millón de barriles y que en enero de 2017 fueron 860 mil barriles. Es decir, la producción medio se sostiene pese a casi doblar la inversión.

Es decir, estamos mejor pero no estamos ni cerca de una nueva bonanza. Más cuando el 75% de la inversión exploratoria este año responde a obligaciones contractuales de las empresas con la ANH (que si no las cumplen las multan) y la sísmica en tierra (el primer paso de la actividad exploratoria) es de 950 kilómetros vs 19.980 en 2010. Estas cifras no nos deben desalentar pero sí ayudarnos a poner los pies sobre la tierra.

Poner los pies sobre la tierra significa que debemos recordar los errores del pasado para no volverlos a cometer. Y un error garrafal fue descuidar la competitividad del país en medio de la borrachera colectiva producto de los altos precios internacionales. Con precios altos o bajos, debemos ser competitivos; es decir, recuperar la seguridad jurídica, garantizarle a las empresas operar en territorio y reducir la carga impositiva.

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