Palabras de despedida

Palabras de despedida

Febrero 25, 2018 - 05:40 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Sabía que iba a morir. Fue un 9 de enero hace 18 años. Era claro que el cáncer, que se ensañó con él, le daría pocos días. Nos reunió y habló. Al abrirse al público una sala de lectura con su nombre en la Biblioteca Departamental, con una exhibición permanente que recoge en imágenes y textos pinceladas de su vida, he creído pertinente compartir algunos apartes de sus últimas palabras, cuando el ocaso se veía venir y era inevitable.

“Quiero hablar ante toda mi familia. Me hubiera gustado tener más tiempo para ustedes: verlos crecer en sus familias. Pero me da la impresión de que Dios no me va a dar esa oportunidad. He sido un hombre de fe, no muy religioso, pero siempre he creído en la Divina Providencia y le pido a la Divina Providencia que se haga su voluntad; que me ayude a luchar hasta cuando pueda, pero que no me exija más de lo que puedo hacer.”

“Me preocupa la suerte de mi país, mi patria, hice todo lo posible por servirle; en mi región, en la educación de las nuevas generaciones, en el manejo de su política externa, y en su preparación para enfrentar todas las amenazas que se ciernen sobre ella. Esas labores nunca se completan, pero habrán generaciones nuevas, fuertes, vigorosas que no dejarán que la patria se disuelva.”

“El periódico, la obra de mi padre, más que una empresa, es una misión. Es el aporte que podemos nosotros darle a una comunidad y es la forma de enfrentar con valor a los agentes del mal, a las fuerzas negativas que se mueven en nuestra sociedad.”

“Lo más importante es que recuerden que en la vida hay cosas fundamentales y otras que no lo son. Es fundamental la familia, es fundamental estar en paz con uno mismo, practicar el bien. Lo demás, la ambición, el dinero, el poder, son cosas efímeras que no hay que rehuirlas, siempre y cuando desde allí puedan realizar algo en beneficio de los demás. En la oración de San Francisco hay una síntesis de lo que es una guía para la vida de cualquiera. Eso que parece tan perfeccionista en el fondo es algo que debe servir de pauta para muchas cosas.”

“Hace mucho rato que entendí que en mi vida eran mas importantes las responsabilidades que las ambiciones, por eso cuando me acerco al tema de cuál sería la forma como debo despedirme ya no de mi familia sino de mi patria encuentro una enorme dificultad para trazar parámetros. Quisiera fallecer en Cali si así ocurre, porque es mi tierra, y si han de hacerme algunos homenajes en Bogotá, quiero que sean lo mas discreto y austero posible. Me gustaría tener una misa en el Cantón Norte por los soldados que luchan en los sitios más lejanos de mi patria.”

“De pronto anticipo muchos de estos pensamientos porque no sé con el curso de esta enfermedad en qué momento pueda perder la capacidad de discernimiento. He luchado mucho con la enfermedad, llevo seis meses por lo menos en esa lucha terrible que ha minado mi cuerpo y que empieza a debilitar mi propia capacidad de lucha.”

Rodrigo Lloreda Caicedo falleció un 13 de enero de 2000. Tenía 57 años. A juzgar por su trayectoria pública, intensa, pareciera presentir que la suya sería una vida corta; que no tendría mucho tiempo para culminar sus sueños. En momentos en que el país se debate en un futuro incierto, en el que no pocas amenazas se ciernen sobre él y se diluyen los valores esenciales de nuestra sociedad, sus palabras cobrán más vigencia.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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