Igualdad de condiciones

Igualdad de condiciones

Octubre 08, 2017 - 07:10 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

La proyección de la demanda de gas natural a nivel global y en Colombia es creciente. Pero la oferta actual del país, 965 millones de pies cúbicos diarios (Mpcd), empieza a quedarse corta por el declive natural en los campos de La Guajira, lo que ha llevado a un análisis oportuno sobre cómo garantizar a futuro el abastecimiento de gas natural y sobre la pertinencia de contar con una segunda planta de importación en el Pacífico.

Desde hace 7 años se decidió construir una planta para importar gas natural licuado y regasificarlo en Cartagena, financiada por partes iguales por un grupo de empresas generadoras de energía y por todos los colombianos (a través de la factura de energía eléctrica). Una planta concebida inicialmente como fuente de respaldo para garantizar el abastecimiento de gas en la Costa Caribe, cuando la oferta resultara insuficiente.

El Gobierno ha previsto la construcción de una nueva planta, en Buenaventura, que al tiempo que duplicaría la capacidad de importación de gas natural del país (la nueva planta tendría una capacidad de 400 Mpcd, igual que la de Cartagena, para un total de 800 Mpcd), responde a un malestar comprensible en el suroccidente colombiano por los altos costos de transporte del gas desde los campos de producción en el Caribe.

Se trata entonces de una medida de previsión para no poner en riesgo la confiabilidad del sistema eléctrico, el abastecimiento de gas en Colombia y diversificar las fuentes de suministro. Pero a juzgar por la dimensión de las plantas, que le garantizarían gas al país hasta el 2040, no es claro si la visión del Gobierno Nacional es impulsar el desarrollo del potencial gasífero del país o apostarle a un modelo basado en la importación de gas.

La duda surge porque pareciera que la Unidad de Planeación Minero Energética no ha tenido en cuenta en sus cálculos el potencial del gas nacional. Debería tener presente al menos un escenario de 80 Mpcd de nuevos descubrimientos en tierra (que carecen a la fecha de contratos de suministro o acceso a gasoductos) y los descubrimientos en el mar Caribe. Sin perjuicio de la perspectiva de gas de yacimientos no convencionales.

Se ha previsto además darle al importador beneficios que dejarían en clara desventaja el gas nacional. La nueva planta –que sería de un privado- sería pagada por todos los colombianos (vía tarifa de energía) y se le permitiría la integración vertical del importador y transportador. El productor nacional, en cambio, incurre en los costos y riesgo exploratorio, no tiene garantizado el acceso a los gasoductos y la regulación le restringe ser transportador.

Bajo las condiciones señaladas para el productor nacional sería muy difícil competir. Absurdo teniendo gas en el subsuelo, igual o más competitivo que el importado (por los altos costos de licuefacción, transporte y regasificación del gas traído del exterior), y porque el gas nacional genera desarrollo donde se produce, paga más impuestos, paga regalías en Colombia y, de contar con excedentes de exportación, genera divisas.

Bienvenida la nueva planta del Pacífico, afinando su objetivo y condiciones. Si es de respaldo, no debe abastecer a ningún sector existiendo oferta nacional; si es una nueva fuente de suministro debe entrar a competir en igualdad de condiciones con la producción nacional. Y mientras tanto, liderar un mecanismo que permita que los costos excesivos de transporte de gas hacia el suroccidente los asuma todo el sistema.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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