Estamos rajados

Febrero 05, 2017 - 12:00 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Estamos rajados en convivencia. El irrespeto a los demás, la intolerancia generalizada, la falta de solidaridad con quien lo necesita, y la burla sistemática de la ley, son el pan de cada día. Equipos de sonido a todo volumen sin importar los vecinos; colados en el transporte público; parques minados con heces de mascotas; discotecas disfrazadas de clubes; y abusos contra la población más vulnerable, son sólo unos ejemplos.Era de esperar entonces que el nuevo Código de Policía y Convivencia causara roncha. A muchos no les gusta el orden ni respetar a los demás. No de otra manera se explican algunas críticas ligeras a esta ley que empezó a regir por seis meses con comparendos pedagógicos mientras los ciudadanos la conocen e interiorizan; mientras se entiende que sin un mínimo de orden social y de respeto a los demás, no hay convivencia.El nuevo código no es de carácter penal como unos creen, ni reemplaza o contradice ese ordenamiento legal; es factible que un comportamiento contrario a la convivencia sea también un delito. Un ejemplo, las riñas callejeras. En el derecho de Policía, reñir es un comportamiento contrario a la convivencia, pero si incluye lesiones personales es además un delito, y quien lo comete debe responder en lo policivo y en lo penal. El código busca incentivar comportamientos favorables, como cederle el asiento a una mujer en embarazo, y disuadir los negativos, a través de la construcción de un cultura ciudadana y medidas correctivas, entre ellas las multas, antipáticas pero necesarias. Con multas de cien pesos, que era lo que había, pocos tomaban en serio la convivencia. Pasó con las multas por velocidad y por manejar con tragos; tocó ponerlas altas.Pero lo más importante del código no son las multas altas aunque llamen la atención. Es vanguardista en la regulación de una serie de comportamientos relacionados con la vida, integridad y privacidad de las personas, la seguridad en los servicios públicos, los niños, niñas y adolescentes, el ejercicio de la prostitución, la protección de los animales y del ambiente, y nuevas obligaciones para eventos abiertos al público. El código otorga además a las autoridades una serie de instrumentos para garantizar la convivencia, algunos de las cuales han causado controversia. Es el caso del ingreso a un domicilio sin orden judicial. Así sea para situaciones puntuales en las que la vida corra peligro, ha generado preocupación pues podría prestarse para abusos. Por eso el código establece procedimientos especiales, que las autoridades deben cumplir. Contrario a lo que se cree, este código no fue hecho para las autoridades de policía. Es por esencia una herramienta para los ciudadanos. Al relacionar comportamientos que afectan la convivencia e incluir medidas para mitigar su impacto o corregirlas, lo que busca es proteger a los ciudadanos. La función de las autoridades de policía es hacer uso del código para cumplir ese propósito; para promover y asegurar la convivencia.No es sólo la guerrilla y el crimen organizado el que ha tenido y tiene en jaque al país. Es la violencia cotidiana entre los ciudadanos, la intolerancia por nimiedades, y la falta de respeto a los demás. Pero éstos no se corrigen con pañitos de agua tibia. Además de la construcción de cultura ciudadana se requieren medidas claras y efectivas. Sin ser perfecto, el Código de Policía está llamado a ayudarnos en ese propósito urgente.

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