Espejismo o realidad

Julio 23, 2017 - 06:50 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Esta semana se inicia el tercer ciclo de conversaciones con el ELN que se centrará en el cese al fuego bilateral, lo que ha causado controversia. Por un lado están quienes lo valoran pues permite pensar que esa guerrilla, tan esquiva y mañosa, por fin toma en serio los diálogos. Y están quienes creen que es una estrategia dilatoria de ese grupo y que aprovechará a rearmarse y reorganizar sus cuadros en el monte y en las milicias.

Desde hace veinticinco años el ELN ha buscado que sus diálogos de paz se den en un marco de cese al fuego bilateral, rechazando las opciones de tregua o cese unilateral, posición presente en los diálogos en Alemania durante el gobierno Samper, y durante los gobiernos de Andrés Pastrana y Álvaro Uribe. Y así lo expresó desde el inicio de la etapa exploratoria con el actual Gobierno; han sido consecuentes u obstinados en ello.

En el caso del Gobierno ha habido una evolución en la posición. Hace un año, Frank Pearl, jefe del equipo negociador, señaló respecto a la solicitud del ELN de acordar un cese al fuego bilateral, que una de las reglas del juego era que la negociación se haría en medio del conflicto. “Somos el Estado, vamos ganando y eso representa una ventaja para nosotros. Hasta que no lleguemos a la firma final, estamos en conflicto,” indicó.

El nuevo jefe negociador, Juan Camilo Restrepo, abrió esa posibilidad tras considerar que existen avances en la negociación. Pero ha condicionado ese cese al fuego a que el ELN proscriba el secuestro y la extorsión, la toma de rehenes y el reclutamiento de menores, y los ataques a la infraestructura, protegidos por el Derecho Internacional Humanitario; puntos claves que en buena hora el Gobierno ha puesto como exigencia.

Y no debería ser distinto -condicionar el cese al fuego bilateral a la suspensión de una serie de hechos criminales por parte de esa guerrilla- pues si bien se decidió negociar en medio del conflicto el país espera manifestaciones ciertas de ese grupo de querer la paz, y pronto. En el caso de las Farc, independiente de lo positivo y lo negativo de los acuerdos, el cese al fuego inicial fue unilateral; un gesto impensable de parte del ELN.

Llama la atención, además, que el ELN ponga condiciones, vagas mas no inofensivas. Pide por ejemplo, “detener las agresiones”, “propender por derechos del movimiento social”, que no se bloquee y controle la “llegada de alimentos, medicinas y bienes” para las “comunidades” y se revise la judicialización de los “líderes sociales” y la “protesta social”. Peticiones con trasfondo que seguramente el Gobierno Nacional sabrá calibrar.

El cese al fuego ha cobrado importancia por la venida del papa Francisco pues tanto el Gobierno como el ELN creen que es una buena ocasión para “desescalar” el conflicto; un fin loable que abre una pequeña ventana frente a un grupo empecinado en la violencia. Más cuando hace pocas semanas indicara -y el Gobierno aceptara- que en el actual Gobierno no firmaría la paz, posición que el país esperaría sea reconsiderada.

Ideal que los fusiles de todas las guerrillas se silencien para siempre, incluidos los del ELN. Bajo esa lectura, la opción de un cese al fuego bilateral, con sus riesgos y dudas, debe ser bien recibida, evaluando con pinzas y sin apresuramiento las “condiciones” que ese grupo presenta. Que el cese al fuego previsto responda a una decisión real de esa guerrilla de dejar las armas y no a un espejismo con ocasión de la visita del Papa.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad