¿El malo del paseo?

¿El malo del paseo?

Enero 22, 2017 - 12:00 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Durante siglos el cuerpo humano y animal era el único mecanismo de conversión de energía a través de su potencia muscular. Es así que personas -incluyendo esclavos-, caballos y bueyes, se encargaban de construir caminos, transportar mercancías y arar el campo. La fuente de su energía era una y sólo una: las plantas; plantas que obtenían su energía del sol, empaquetada en compuestos orgánicos a través de la fotosíntesis. Durante cientos de años fue así hasta que el ser humano descubrió, al hervir agua, que la tapa de la olla saltaba; que el calor se convertía en movimiento. Que con leña y fuego podía generar vapor y éste, al expandirse, empujar un pistón y transformar la energía. Pronto en Gran Bretaña la tala de bosques fue tal que el recurso escaseó y se empezó a usar carbón; desde entonces una de las principales fuentes para generar energía. (1)Pero no sólo el cuerpo humano y animal deriva su energía de las plantas -y del sol-. El petróleo y el gas, también. Éstos -los hidrocarburos- no son otra cosa que plantas y materia orgánica acumulada en el fondo de océanos y pantanos hace millones de años, y que en razón a las altas temperatura y presión, acumularon energía. Y dependiendo de ambos factores, se expresa de manera líquida-petróleo- o gaseosa -gas natural-.Es así que desde hace más de un siglo el petróleo empezó a sustituir el vapor -a base de carbón- para generar energía, y en especial, para impulsar vehículos de pasajeros y para transportar mercancías, revolucionando los sistemas de transporte en el mundo. Hasta ese momento era utilizado principalmente como combustible para lámparas -a través de un derivado suyo, el keroseno-, hasta la invención de la bombilla eléctrica.El petróleo transformó la forma de movilizarse, recortando distancias, por tierra, mar y aire. Un par de cifras lo dicen todo: al día despegan y aterrizan 100.000 vuelos en el mundo, ocho millones de pasajeros diarios, es decir, tres billones de personas al año. Y 1,2 billones de vehículos transportan a diario personas al trabajo, niños al colegio, enfermos a los hospitales, y mercancías. Energía en movimiento, gracias al petróleo.Pero hubo algo aún más revolucionario derivado del descubrimiento del petróleo: la mecanización de la agricultura. Pronto los tractores empezaron a sustituir tareas que se realizaban con ‘energía muscular’ de humanos y animales. Los campos se volvieron más productivos, además del rol de los fertilizantes y pesticidas, derivados también del petróleo, lo que permite alimentar hoy a más de siete billones de habitantes.Algo más, seis mil bienes de uso cotidiano se fabrican con derivados del petróleo. Los carros y los aviones, las llantas de las bicicletas, la suelas de los zapatos, los celulares y televisores, las licras para hacer ejercicio, el elástico de la ropa interior, los balones de fútbol, los desodorantes, las pinturas, los esmaltes de las uñas, los cepillos de dientes y los lentes de contacto, entre otros. Es decir, el petróleo es parte de nuestra vida.En momentos en que se acentúa la crítica contra los combustibles fósiles y entre ellos el petróleo, vale la pena recordar su importancia. No en contraposición a otras fuentes de energía, que son bienvenidas. Pero sí, para poner la discusión en su punto, sin tanta hipocresía. Son muchos, demasiados, los beneficios que el petróleo le ha dado a la humanidad -y que pocos están dispuestos a renunciar-, para que se le trate de paria.(1) En el libro De animales a Dioses, de Yuval Noah Harari, hay una extraordinaria descripción.

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