Del cielo la sucursal

Enero 15, 2017 - 12:00 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

El domingo pasado volví a escribir estos apuntes luego de diez años, cuando dejé de hacerlo para aspirar por tercera vez a la alcaldía; y son ya veinte desde la primera vez. Y es muy satisfactorio constatar que Cali va bien; tardó años en despegar pasando por administraciones malas, regulares, y buenas, pero al fin lo logró. Persisten problemas crónicos y hay desafíos urgentes, pero lo positivo sobresale, y el porvenir es alentador. Entre muchos aspectos positivos está la mejoría en infraestructura y espacios públicos -la construcción del MÍO y hundimiento de la Avenida Colombia, el centro de eventos (aunque en el lugar equivocado), la plazoleta frente al CAM, el nuevo ingreso a Cali por la carrera 1ª-, la carrera 14 al sur, y ahí va la prolongación de la Circunvalar hasta la zona de Pance. Veinte años tomó convertir estos proyectos en realidad. ¡Pero ahí están!Igual de decisivo ha sido el impulso del sector privado -manifiesto en nuevos centros comerciales, el auge histórico en la construcción de vivienda, y el fortalecimiento de la industria y los servicios. Igual o más importante ha sido la consolidación como centro de excelencia en educación superior, el reconocimiento de nuestra identidad cultural y haber superado la intimidación del narcotráfico, y diezmado la ‘cultura’ traqueta. Los aspectos positivos son muchos pero también hay desafíos urgentes, entre ellos la movilidad. El MÍO se quedó corto -es necesario conectarlo bien con el Oriente y con la ladera-, desatrancar el Sur, construir con recursos de la ley de metros un sistema de transporte masivo intra e inter urbano por el corredor férreo -el componente verde es clave pero debe ser complementario-; y ponerle orden al caos generado por las motos. Y los problemas crónicos. Increíble que veinte años después en Emcali aún se discuta qué hacer con el componente de comunicaciones; que los asentamientos en la ladera crezcan y no se reubique a quienes están en riesgo, mitigue y legalicen esos barrios, o controle su expansión; que zonas enteras se queden sin agua y el Cauca siga siendo amenaza. Y que los homicidios, aunque se han reducido, continúen siendo un karma. Estos y otros desafíos urgentes y los problemas endémicos nos deben pellizcar. Veinte años es demasiado tiempo para solucionar temas claves de una ciudad, incluso diez. La dinámica del país y el mundo no admite tanta ineficiencia; toca tomar decisiones y ejecutarlas. La buena noticia es que Cali es otra; salió de su letargo, los gremios de la región han despertado, cuenta con gente idónea, y recuperó su credibilidad nacional.Pero lo más importante que ha ocurrido en Cali, en especial en los últimos cinco años, es la recuperación de la confianza en sí misma y del optimismo general de los caleños. La ciudad y su dirigencia estuvo pasmada muchos años y sólo avizoraba nubarrones; la quejadera y el pesimismo eran el común denominador, y nos estaban matando. El ánimo y la actitud son otras; se recuperaron las ganas, el compromiso, el liderazgo.No es fácil conseguir un vividero igual a Cali en Colombia; además de ser una ciudad bonita, cálida, y de gente buena y sencilla, está estratégicamente ubicada y cuenta con unos activos que con frecuencia pasamos por alto. Lo que hay son razones de sobra para sentir orgullo caleño. Para pisar fuerte, hablar duro, exigir, y apostarle con arrojo al futuro. No se equivocó Jairo Varela al afirmar que Cali es del cielo, la sucursal.

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