Aterrizar las expectativas

Aterrizar las expectativas

Abril 16, 2017 - 01:50 p.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Muchos colombianos tienen la idea de que los descubrimientos de hidrocarburos en el mar Caribe nos convertirán de la noche a la mañana en potencia gasífera y petrolera reemplazando los desarrollos en tierra. Sin desconocer los resultados positivos de la exploración costa afuera, es necesario aterrizar las expectativas y tener cuidado de no poner los huevos en una sola canasta pues el camino por recorrer es largo y complejo.

Las reservas probadas de hidrocarburos del país han decrecido por la caída en precios (que imposibilita sacar el petróleo más costoso) y porque el ritmo de incorporación de nuevos barriles equivalentes -de petróleo y gas- a las reservas, es menor al volumen que se consume. De ahí la urgencia de encontrar hidrocarburos salvo que nos resulte indiferente terminar de importadores de petróleo y gas teniendo de ambos bajo tierra.

Es en ese escenario de incertidumbre donde los descubrimientos costa afuera toman una relevancia especial. En este momento hay siete esfuerzos exploratorios en el mar, tres en etapa de evaluación (Orca, Kronos, Purple Angel) y cuatro pozos exploratorios previstos para 2017. Una de las campañas exploratorias más ambiciosas en el mundo; más de 100.000 Kilómetros de sísmica e inversión por US$1.770 millones desde 2014.

Sin desconocer la importancia de los descubrimientos señalados el país debe entender que hasta ahora sólo se ha encontrado gas y que por la profundidad de esos hallazgos (en aguas profundas y ultra-profundas) su extracción y desarrollo es costosa. Es decir, si las condiciones del mercado y en especial las de carácter interno no facilitan su extracción y comercialización, es factible que nos quedemos con ese gas enterrado.

Lo anterior es bueno tenerlo en cuenta pues si no se encuentra petróleo (que es lo más factible aunque algunas empresas no pierden la esperanza de hacerlo) no tendríamos opción a exportar el grueso de ese gas pues el mercado de Colombia es pequeño y con el potencial de gas en tierra firme podría ser atendido. Y producir gas, en especial de aguas ultra-profundas para exportación, a precios y condiciones de hoy, es una odisea.

Un pozo exploratorio en tierra cuesta aproximadamente USD$10 millones; uno costa afuera mínimo USD$100 millones. Y un campo de producción en tierra cuesta bajito USD$100 millones mientras uno costa afuera, varios billones. Más, si es gas, pues para exportarlo es necesario licuarlo para comprimirlo, transportarlo en barcos especiales, y volverlo a gasificar en el lugar de destino, lo que hace más costoso el producto final.

Lo anterior no significa que debamos desistir en la búsqueda de hidrocarburos costa afuera. En absoluto. Debemos sí, prepararnos para distintos escenarios y en especial para uno de gas, siendo necesario revisar el modelo económico (definido con precios de USD$90 el barril y $12 el millón de BTU de gas licuado), en especial la carga fiscal, y la regulación contractual, técnica y ambiental, para que sean competitivas y estables.

El desarrollo costa afuera es una necesidad y una gran oportunidad para Colombia, moderando las expectativas. Y sin descuidar la exploración y producción en tierra; en los campos existentes -donde aún hay un potencial importante-, en cuencas nuevas, y en distintos tipos de yacimientos, con responsabilidad. Buen viento y buena mar para los descubrimientos en nuestro mar Caribe, “con los pies bien puestos sobre la tierra”.

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