¿Unificar las elecciones?

¿Unificar las elecciones?

Julio 05, 2014 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

El calendario electoral es una decisión estratégica en un sistema político. No siempre se piensa así. Ahora parece que estamos ante una propuesta descaminada que parece ignorar la esencia del verdadero constitucionalismo democrático: unificar todas las elecciones y aumentar el periodo de todos los electos a cinco o seis años. Un despropósito total.El Acto Legislativo que convocó la Asamblea Constitucional  en 1976, presentado por el presidente López Michelsen, decía: “Las elecciones de Presidente de la República  y de los miembros del Congreso se efectuaran en días distintos”.  El proyecto de Reforma Política anunciado por el Ministro del Interior de ahora unifica estas dos elecciones y aprovecha para añadir las de Gobernadores, Alcaldes, Concejales, Diputados. Desde pequeños aprendimos que no se ponen todos los huevos en el mismo canasto. Pues aquí se juntan las elecciones para jugarse en una lanzada de dados el porvenir de la República.El constitucionalismo es ante todo el reconocimiento de que en la vida política los límites  son de la esencia y ningún poder es absoluto. Las elecciones son el procedimiento que los establece de forma directa o indirecta. Darle a un partido la posibilidad de controlar todos los organismos de elección popular es una insensatez mayúscula. En las democracias se escalonan los procesos electorales y se utilizan diversas fórmulas para  asegurar que el poder se distribuya de tal manera que haya tanto en el tiempo como geográficamente oportunidades para que diversas fuerzas ocupen porciones del poder.Diseñar un mecanismo para que, eventualmente, una  sola fuerza política se quede con todo, o casi todo,  es una aberración constitucional y política. La gran mayoría de los sistemas políticos buscan la complejidad. Estados Unidos, un modelo de escalonamiento, conscientemente  establecido para asegurar una distribución de poder que asegure que no hay un poder absoluto, que hay pluralismo, que hay diversidad. Y más importante aún, que los ciudadanos  tengan frecuentes oportunidades para expresarse  sin desbaratar el sistema.Eso son las elecciones de Alcaldes en fechas diferentes a las de Presidente y Congreso, por ejemplo. Qué es primero y qué después y con qué periodos de diferencia entre una y otras, es también clave. De ello depende la gobernabilidad democrática y la paz social. Curioso que cuando se busca la paz se plantee una fórmula más apta pata un régimen totalitario que para uno que busca el pluralismo democrático.¿Acaso se está buscando lo que en teoría se denomina “la tiranía de la mayoría”? ¡Dios nos ampare! La democracia es al tiempo el gobierno de la mayoría y el respeto de las minorías. Y la separación de elecciones es la manera de asegurar la participación política de diferentes corrientes en el gobierno de la  Nación.Claro está que es más fácil gobernar a una sociedad con la unificación de las elecciones. Como es más fácil ejercer un gobierno autoritario o dictatorial. Pero es la negación de una auténtica gobernabilidad democrática, la que, con fallas y vicios que no se niegan, ha caracterizado nuestra tradición política. El facilismo no es la mejor fórmula de gobernabilidad democrática.Límites al poder, complejidad, son características fundamentales de un sistema democrático, en oposición al simplismo, a la ausencia de límites. Alejemos de nosotros la nostalgia por un  autoritarismo facilista. Acariciemos nuestra tradición constitucionalista.

VER COMENTARIOS
Columnistas