Un mundo cambiante

Diciembre 20, 2014 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

El presidente Obama, en gesto inusitado, reconoció sin matices el fracaso de una política interméstica (internacional y doméstica, al mismo tiempo) de su país. En forma contundente expresó que desde el establecimiento del embargo (cuya finalidad obvia era debilitar el régimen comunista de Cuba, y si acaso contribuir a su derrocamiento), los hermanos Castro han gobernado, hasta la fecha. Al mismo tiempo, sin que se dijera, el fracaso del régimen comunista de Cuba era evidente: paredón, presos políticos, crisis económicas sucesivas, empobrecimiento, sufrimiento enorme de su población, etc. Las imágenes de televisión eran muy ilustrativas, automóviles de por allá 1959 o antes. Un símbolo del atraso. Así las cosas, algunos hablan de la política del embargo, como de un fracaso perfecto. De lo que ocurrió en Cuba se habla menos. Sin duda, ya estaba más que pasada la revisión de esa estrategia. Bienvenido el anuncio del restablecimiento de relaciones diplomáticas formales. Y la apertura para intercambios comerciales, turísticos, académicos, etc.Lo que ha ocurrido en estos últimos días, es muy revelador de la naturaleza de la vida política de nuestro tiempo, caracterizada por la fluidez en las manifestaciones del poder y la velocidad de los acontecimientos. La caída de los precios del petróleo, buscada por los países árabes como manera de contrarrestar la autosuficiencia energética de Estados Unidos, produjo en cuestión de segundos, un volantín en las estructuras existentes de poder. Rusia entró en crisis económica, que se materializó en importante devaluación del Rublo, Venezuela quedó arrinconada y Estados Unidos amenazados por la estrategia de producción de los árabes. Cuba se asoma al escenario internacional y se proyecta como nueva opción para los inversionistas. Esa fluidez del poder se ha vivido notoriamente en Latinoamérica. Que México es la potencia, que Venezuela, con sus enormes recursos, promueve organismos multilaterales para debilitar la OEA y la influencia de los Estados Unidos, que Brasil es gran potencia regional y, en todo caso, suramericana. Todo va y vuelve. Y Argentina, aunque forma parte del Grupo de los Veinte, juega un papel menor. No vivimos en un nuevo orden mundial, sino en un desorden que no sabemos para dónde va.Es evidente que aunque existe gobernabilidad financiera, particularmente después de la crisis de 2008, lo que no existe es gobernabilidad política global. Preparémonos para la incertidumbre y para nuevas sorpresas. ¿Termina así la guerra fría en Latinoamérica? O, ¿ahora le toca el turno a Venezuela? Sorprende la simultaneidad de las sanciones que le impuso el gobierno americano a ciudadanos de este país y el nuevo trato hacia Cuba. Y ahora, ¿qué pasará con Guantánamo? ¿Seguirá siendo territorio estadounidense?La implementación de las medidas que buscan materializar el nuevo espíritu de concordia entre Estados Unidos y Cuba tomará años y la apertura política que todos quisiéramos ver en la isla cubana, florecerá cuando los hermanos Castro no tengan influencia en ese país.El presidente Obama está mostrando una capacidad de liderazgo y de audacia impensables: pactó con China metas que están facilitando la lucha contra el cambio climático; adoptó decisiones muy audaces en materia migratoria para favorecer a millones de ciudadanos que estaban en la ilegalidad; y ahora corrige lo que él mismo considera un error de varias décadas. Era un niño cuando se impuso el embargo.

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