Transiciones

Enero 09, 2016 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Colombia está a punto de experimentar una transición que difiere de otras como la chilena después de una dictadura, o la sudafricana, de un gobierno minoritario racista que excluía buena parte de la población negra, o de un régimen totalitario a uno pluralista. En Colombia se trata de pasar de una democracia establecida, que ha tenido persistentes manifestaciones de violencia organizada en los últimos cincuenta años, alimentada por abundantes dineros del negocio criminal de drogas ilícitas y otros (explotación ilegal del oro, contrabando de gasolina, secuestros, extorsión, etc.) a una democracia sin violencia organizada ni los fenómenos criminales que la acompañan.Sergio Bitar y Abraham F. Lowenthal se propusieron capturar la sabiduría implícita en las decisiones y actitudes de trece dirigentes políticos que fueron protagonistas de nueve transiciones (Brasil, Chile, Ghana , Indonesia, México, Filipinas, Polonia, Suráfrica, España). Un trabajo original, interesante y difícil en su logística, patrocinado por el Instituto para la Democracia y La Asistencia Electoral, Idea. Cada caso está acompañado de una presentación del contexto y una biografía del dirigente político (Fernando Henrique Cardoso, Patricio Aylwin, Ricardo Lagos, F.W. de Klerk, Felipe González y otros de similar estatura). Los autores buscaban entender cuáles fueron los eventos, las decisiones, las actitudes, que permitieron esas transiciones exitosas. Y cuáles los que denominan “momentos icónicos”. También, la duración que en ocasiones tomó décadas, que nunca fue lineal y que estuvo caracterizada por vaivenes, acuerdos, desacuerdos, subidas, bajadas. Querían identificar elementos comunes pero fueron muy cuidadosos en subrayar lo que hubo de diferencias tanto en su inicio como en su evolución, así como en la relevancia de tradiciones democráticas o militaristas y en la importancia de la presencia de una sociedad civil más fuerte o menos significativa. Identificaron igualmente el papel de los actores internacionales y del contexto internacional, por ejemplo, el de la guerra fría. Y no descartaron los aprendizajes resultantes de otras transiciones y de exiliados en países democráticos. Subrayan, como debe ser, el papel del liderazgo y, cómo no decirlo, de la diosa Fortuna, la buena suerte. Reconocen que no hay manual para este tipo de procesos, y tampoco pretenden ofrecerlo. Presentan, simplemente, ejemplos de manejo, mejor o peor. Saber cómo unificar la oposición y dividir el régimen que se pretende sustituir es uno de esos aprendizajes. Cooperación, inclusión y no venganza ni ostracismo. Mutua aceptación pacífica, dicen, que supere rencores, vendetas, animosidades, etc. En sus propias palabras “riesgos, incertidumbres y difíciles decisiones fueron inevitables, pero ellos no necesariamente impidieron que los líderes tomaran acciones que pudieran abrir un camino en una situación sin salida” (P.424). Aprovechar las oportunidades para obtener progresos incrementales en la esperanza de alcanzar cambios más significativos, ir ganando terreno, rechazar las propuestas maximalistas porque en los procesos de transición, así lo establecieron, el dogmatismo no ayuda. En esencia, ponen de presente “la importancia de la visión, la paciencia, la persistencia y la apertura al compromiso como elementos que deben continuar” (P.444). No pretenden ofrecer una teoría sobre transiciones, basada en método científico sino, como ya se dijo, en extraer lo que hay de sabiduría en estos procesos. En el caso de Sudáfrica, resaltan el contraste entre una “claridad prematura frente a una ambigüedad creativa” (P.312) Y, en todo caso, que no haya vacilaciones en el más alto nivel. (P.316).

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