Terremoto político

Mayo 05, 2017 - 11:38 p.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Pugilato y no un debate; intercambio de insultos; un duelo a cuchillo limpio; un espectáculo de boxeo; esgrima contra lucha libre; agresivo; una brutalidad inédita; desacuerdo sobre todo; dos visiones del mundo y no de la política; no convencieron a los indecisos; diálogo de sordos; vicioso; virulento.

Estos y otros conceptos son los que medios franceses y europeos utilizan para describir el debate entre los dos presidenciables franceses, Macron y Le Pen. El escenario televisivo estaba diseñado para la confrontación: sentados frente a frente. Dos moderadores que apenas pudieron jugar un papel.

El presidente Hollande dijo: “Doloroso seguirlo”. El padre y fundador del Frente Nacional que representa Le Pen comentó así sobre el desempeño de su hija: “No estuvo a la altura”. Para un extranjero era muy difícil seguir el contenido del debate que estaba muy ligado a siglas y circunstancias de la vida política francesa.

Las interrupciones no hacían la cosa más fácil. El temario muy abierto porque se trataba de sólo un debate y entonces entraba el tema de la Unión Europea, de la economía, la cuestión social, del terrorismo, de las ejecutorias de uno y otro, etc. Algunos periódicos se han tomado el trabajo inmediato de examinar las afirmaciones de los dos candidatos a la luz de la realidad para informar cuáles eran falsos o engañosos o exagerados o más complejos.

Diarios como Le Monde no vacilaron en describir el desempeño de Marine Le Pen como “la estrategia de la mentira”. Su mensaje estaba dirigido a destruir eso que se llamó “el síndrome de la virginidad” que habría favorecido a Macron. O sea, buscó identificarlo con el fracaso del gobierno del presidente Hollande y como un miembro del Establecimiento. Por eso le decía “ministro de Hollande”, “consejero presidencial”, “consentido del Establecimiento”, “Hollande II”. Realmente, iba mucho más allá; lo estaba identificando con el gobierno más desacreditado de la V República.

Es que se trataba de que las máscaras cayeran, como han dicho muchos que así ocurrió. Macron la presentaba como la heredera de un movimiento extremista y carente de una visión coherente sobre lo que necesitaba Francia.

El resultado del debate es muy favorable para Macron. Las encuestas dicen que él ganará. Buena parte de los medios de comunicación dentro y fuera de Francia elogian y anhelan el triunfo de Macron. El propio Obama grabó una declaración para identificarse con sus tesis y desearle la victoria. La globalización que defiende Macron, su contrincante la descalifica como salvaje.

En esencia, los analistas dicen que hay una fractura en la política francesa: un enfrentamiento entre la Francia metropolitana y la periférica, entre el sector urbano y el rural de lo que denominan el bloque elitista y el bloque popular.

Pero superada la decisión del 7 de mayo, vendrá una mucho más compleja, que tendrá lugar semanas después, la elección parlamentaria. Habrá que ver cómo se distribuyen las fuerzas políticas, las viejas y las nuevas y cómo sería entonces la constitución del gobierno. ¿Será necesaria una cohabitación? ¿Entre quiénes? Nada fácil. La incertidumbre continúa.

Se diría que la V República ha terminado y que los partidos que se alternaron en el gobierno durante más de cincuenta años, por primera vez, no participan en la decisión de quién será el presidente. Un terremoto político.

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