¿Sociedad de enemigos?

¿Sociedad de enemigos?

Junio 07, 2014 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Un sistema político se construye sobre un acuerdo referido a los temas fundamentales que aseguran la convivencia pacífica en una sociedad. Son aquellos que puede llevar a conflictos armados: el derecho de propiedad, la inviolabilidad de la persona humana, la soberanía territorial, un conjunto de valores mínimos, la libertad el más esencial.Ese acuerdo es el que permite que existan desacuerdos en la sociedad. Eso es lo que busca garantizar. Un acuerdo para estar en desacuerdo sin matarse, sin afectar los derechos básicos. Así, acordados entonces los desacuerdos, se tramitan por la vía electoral, por medio del juego político. Juego porque no tiene que ver con lo fundamental. Porque si se pierde no debe ocurrir nada trascendental. Aparte del sentimiento humano de no haber ganado. Es un acuerdo para estar en desacuerdo. Las políticas públicas de educación, salud, desarrollo urbano, infraestructura, uso de los medios de comunicación, más o menos descentralización, formas de participación política, etc., dan lugar a profundos desacuerdos pero no amenazan la convivencia.Así se le da cabida al pluralismo en todos los campos. Es la esencia de la democracia. El supuesto de ese pluralismo es que ninguna de sus corrientes busca eliminar las otras. Las respeta, las tolera. Los católicos no pretenden destruir a los protestantes. La guerras de religión superaron ese tema que hoy parece revivirse en lo que se llamó el conflicto de civilizaciones. Los liberales no buscan destruir a los marxistas. Los creyentes en un modelo educativo no pretenden suprimir del todo cualquier otra expresión en ese campo. Pluralismo y tolerancia van juntos. Dogmatismo e intolerancia, también.Así es, entonces, posible vivir en desacuerdo. Las contiendas electorales sirven para escoger políticas públicas y a quienes las representan y ello no rompe el acuerdo sobre lo fundamental. Para eso están la alternación en el poder y los sucesivos procesos electorales. Y la elección de alcaldes y gobernadores permite que diversos modelos coexistan dentro de las inevitables limitaciones.La dinámica política que alimenta e inspira estos desacuerdos, estas visiones encontradas, enriquece la vida democrática .Claro, genera tensiones, fricciones, distanciamientos, confrontaciones. Por el contrario, el unanimismo desvirtúa la sociedad pluralista, la empobrece.Una sociedad pluralista es el ámbito apropiado para convivir en desacuerdo. Civilizadamente, sin miedo. Es el bipartidismo o el multipartidismo. Es la vida gremial. La multiplicidad de universidades y academias. Es el esquema gobierno-oposición, que tanta falta nos hace.La contienda que se resolverá el 15 de junio está creando, infortunadamente, una sociedad de enemigos. El odio, el desprecio, la desconfianza y hasta el miedo están caracterizando esta confrontación. Esto va en contravía del espíritu democrático. Ganar o perder no debe constituirse en una amenaza para nadie. El sistema político se mantiene. El juego continúa. Las cosas fundamentales están preservadas.Estas elecciones no deben ser, no pueden ser, un plebiscito para establecer el odio o para estimularlo. Con odio al interior de la sociedad no se puede construir un proyecto de paz ni una civilización pluralista. Somos una sociedad de adversarios, sí, que respetan el pluralismo, pero no una sociedad de enemigos. Ojalá los votos del 15 de junio signifiquen un plebiscito contra el odio.

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