Repensar la política

Repensar la política

Enero 16, 2016 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Rara vez un gobernante, al concluir su mandato, presenta a sus conciudadanos reflexiones y recomendaciones sobre el sistema político. Esto hizo el presidente Obama, al tratar el cuarto punto de su último mensaje sobre el Estado de la Unión, que él mismo planteó como quizás el tema más importante. No es poca cosa contar con el diagnóstico de una personalidad de las características intelectuales del presidente Obama, luego de casi ocho años de gobierno. Ningún profesor de Ciencia Política tendría los elementos de juicio y las experiencias y percepciones de un gobernante de la nación más poderosa del mundo. Ni la credibilidad. Y, además, se trata de un presidente cuya principal experiencia antes de llegar a la Casa Blanca, fue la de haber sido distinguido profesor de Derecho Constitucional, una cátedra muy cercana a la Ciencia Política. Por esta razón recojo aquí algunos puntos de ese diagnóstico sobre el Sistema Político más significativo del mundo. Las críticas que el presidente Obama formula no son ajenas a lo que ocurre en otros sistemas políticos, incluyendo el colombiano. Comienza por plantear cómo el futuro deseable para los Estados Unidos solamente ocurrirá si hay debates más racionales, más constructivos. Afirma, sin esguinces: “Ello solamente ocurrirá si arreglamos el proceso político”. Una observación válida allá, en Colombia y en muchos países. Inmediatamente, advierte que no se trata de estar de acuerdo sobre todos los temas. Defiende la importancia del desacuerdo: “La democracia requiere vínculos básicos de confianza entre sus ciudadanos. No funciona si pensamos que quienes están en desacuerdo con nosotros están todos motivados por la malicia, o que nuestros oponentes políticos son antipatrióticos (…) Nuestra vida pública sufre cuando sólo las voces más extremas obtienen atención. Y sobre todo, la democracia se agrieta cuando la persona del común siente que su voz no cuenta; que el sistema trabaja en favor de los ricos o de los poderosos o de algunos pequeños intereses”. Eso es lo que están sintiendo muchos americanos, ahora, añade. Y en un gesto de humildad intelectual reconoce como una de las cosas que deplora de su presidencia, que “el rencor y la sospecha de los partidos se hubiera empeorado en lugar de mejorar”. Y luego de mencionar las trampas que asedian a la democracia electoral, concluye que hay que “cambiar el sistema para que refleje lo mejor de lo que somos”. Propone modificar el sistema electoral y “reducir la influencia del dinero en el proceso político”, para evitar así que unas cuantas familias y unos intereses escondidos manipulen las elecciones. “Los cambios en el proceso político -referidos no solamente a quién es elegido sino cómo llega a ser elegido- ocurrirán solamente cuando el pueblo americano lo exija (…) Eso es lo que quiere decir un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Entonces, habla del cinismo, el desencanto y los riesgos que implican. “En la medida en que crece la frustración, habrá voces que nos urgen a que volvamos a una condición tribal, a estigmatizar a nuestros conciudadanos que no se parecen a nosotros o que no rezan como nosotros, que no votan como nosotros, que no comparten los mismos antecedentes”. Obama, no obstante, mostró gran confianza en el futuro por la ventajosa situación de los Estados Unidos en el mundo.

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