‘Quiero estudiar’

Junio 26, 2015 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Universalizar el acceso a la educación pos-secundaria (universidad, tecnológicos) es clave para el progreso de las naciones y de la equidad. Colombia ha sido pionera en esfuerzos que han persistido y que son admirables, por ejemplo, el Icetex, una iniciativa del sector empresarial asumida por el Gobierno; Colfuturo, presidida por Luis Carlos Sarmiento, un esfuerzo conjunto del Gobierno y del sector privado, iniciativa de Ana Milena de Gaviria, como Primera Dama; el Sena, una propuesta hecha en la tesis de grado del abogado Rodolfo Martínez Tono, de la Universidad Nacional, puesta en marcha por Raimundo Emiliani Román y Martínez Tono.Y, ahora, el programa ‘Ser Pilo Paga’ para los estudiantes con el más alto puntaje en las pruebas del Icfes, que carecen de los recursos económicos para realizar sus anhelos de formación. La Ministra Gina Parody tomó al vuelo una iniciativa de dos profesores de la Universidad de los Andes (una investigación de los profesores Roberto Zarama y Juan Felipe Penagos); en cuestión de horas la Ministra puso en marcha un programa de más de diez mil becas, que ya cumple un año, que por fortuna está siendo monitoreado para identificar dificultades y oportunidades y, claro está, el desempeño de los becarios. Va muy bien. En la base de esta iniciativa hay que recordar una experiencia muy exitosa, el programa ‘Quiero estudiar’, que viene adelantando la Universidad de los Andes desde hace varios años, que para el rector Pablo Navas, está basado en el principio de la reciprocidad. Para él “ejerce la reciprocidad quien apoya a esos talentos, porque está contribuyendo al desarrollo tanto de una persona como de una comunidad”. Las estadísticas de este programa son impresionantes. En 2010, 552 estudiantes se beneficiaron, en 2014 fueron 748. La mayoría estudia Ingeniería, Ciencia y Medicina. Quince becarios han recibido la distinción ‘Summa Cum Laude’, que se otorga a quienes se encuentran (promedio acumulado) en el 1% más alto del histórico de su facultad en los últimos 5 años. Aparte de la matrícula se ofrecen auxilios para transporte, alimentación, fotocopias y material de aprendizaje. En el esfuerzo están comprometidos los propios estudiantes de la universidad, exalumnos, funcionarios, profesores, empresas. Hay múltiples maneras de apoyar esta iniciativa. La filosofía del programa tiene un componente fundamental, que se denomina “beca con compromiso”. Durante la carrera el beneficiario aporta mensualmente una cuota de $25.000, que se mantiene cuando ya el becario comienza a trabajar y su aporte se va incrementando proporcionalmente a los ingresos. Y esta reciprocidad se va acumulando a las situaciones que viva el profesional. Ya hay egresados que son candidatos al doctorado en universidades tan prestigiosas como el MIT (Diego Fernando Cifuentes). El 20% de estos becarios se ha graduado con doble titulación. El mecanismo financiero es muy ingenioso y asegura la sostenibilidad del programa. No es poca cosa que estudiantes talentosos y ambiciosos, como tiene que ser, cuenten hoy con posibilidades que hasta hace muy pocos años eran impensables. En otros países, como Chile, hay una gran demanda por la gratuidad de la universidad. Es preferible que existan estos programas basados en los importantes conceptos de solidaridad y reciprocidad, que establecen el compromiso moral -y no legal- de que los beneficiarios hagan lo propio hacia otros estudiantes, en las buenas y en las malas.

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