¿Qué está pasando?

¿Qué está pasando? 

Febrero 01, 2014 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Que la Convención del Partido de la U seleccionó los participantes de su Convención en forma arbitraria. Que la Convención Conservadora no permitió que se expresaran los congresistas que respaldan la reelección del Presidente Santos. Que la Convención de Uribe Centro Democrático  embolató la elección de Francisco Santos. Que la destitución de Gustavo Petro se  somete a más de 300 tutelas y a un recurso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y que lo aplicado a cientos de altos funcionarios públicos a él no se le aplica. Que jamás había visto una situación tan crítica en el sector judicial. Que el Congreso ha votado irregularmente varias leyes, no hizo público el informe de la Comisión de Conciliación y eso hace que esas leyes estén viciadas. Que las cárceles son inmanejables, pese a un nuevo Código Penitenciario. Que no hay dinero para financiar la revocatoria del alcalde Petro. Que pese a los esfuerzos para aumentar la cobertura educativa y mejorar su calidad Colombia es penúltima entre 67 países examinados en el programa Pisa.  Es un desarreglo institucional que afecta todas las ramas del poder y los principales organismos relacionados con la organización y el funcionamiento del sistema político. Si los alegatos que se están presentando ante el Consejo Nacional Electoral se tramitaran, estaríamos a punto de quedarnos sin candidatos para la competencia presidencial. Y en el Partido Verde tienen bloqueado a Enrique Peñalosa. Así como está bloqueada la destitución de Petro o su revocatoria (¡Él dice que presta la plata!). Si le damos crédito a las encuestas, un 50% de los ciudadanos que votaron alguna vez en los últimos cinco años declaran que votarán en blanco o están indecisos, cifra inédita en Colombia. De otra parte, el vínculo entre los partidos, sus dirigentes y la ciudadanía es muy precario. Se diría que hay amplio espacio para que una buena estrategia electoral atraiga la masa de votantes disponible. La elección de 2010 mostró que una campaña influye y mucho en los votantes. Que lo diga Antanas Mockus que produjo una ola verde al parecer incontenible. Por primeras vez, los dos partidos tradicionales no compitieron en la contienda real, la segunda vuelta. La verdad es que las campañas están por verse. Estamos a cinco semanas de una elección parlamentaria que, a diferencia de otras, va a ejercer una enorme influencia sobre la competencia por la presidencia. ¿Qué pasa si a Uribe le va mal como cabeza del Senado? Pues la aspiración de Óscar Iván Zuluaga se desinflaría. ¿Y qué ocurre si los conservadores aumentan sus curules? ¿Marta Lucía reclamará ese triunfo como propio? ¿Y si disminuye ese número?El comportamiento de los votantes en estas elecciones nos va a decir mucho sobre la salud de nuestra organización política. Algo de enorme importancia porque en el posconflicto habrá una competencia con una fuerza nueva, con disciplina, recursos, compromiso y ambiciones, las Farc. Sabremos si los partidos estarán listos para esa confrontación. Será necesario hacer una lectura crítica de los datos para proceder en consecuencia o resignarnos a lo inevitable en una región en la cual este tipo de grupos se han ido imponiendo. La gesta del M-19 después de la catástrofe del Palacio de Justicia es ilustrativa. Desacreditados se colocaron en pie de igualdad con los partidos históricos para formular una nueva Constitución. Un dato que debe inspirar reflexiones.

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