Preparándose

Noviembre 14, 2015 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Que la paz está al alcance de la mano, indican las recientes decisiones de las Farc. En lugar de reclutamiento militar ordenan programas de formación política y suspenden la adquisición de armamento. Es un inicio del desarme. No es la dejación de armas, pero sí la intención de renunciar al fortalecimiento del aparato militar para propiciar la construcción de un movimiento político.¿Acaso el proceso electoral del 25 de octubre les dejó alguna lecciones? ¿Cuáles? Que las fuerzas políticas nacionales son precarias, que hay un amplio espacio. El de los votos en blanco, nulos, mal marcados que es casi equivalente al de los ciudadanos que apoyaron la fuerza partidista más significativa. Y que la abstención se mueve y, quizás, podría resultar aún más significativa. Y otro hecho significativo. Estas elecciones parecerían haber despejado en beneficio de las Farc, el espacio que venía ocupando la izquierda, particularmente, en una ciudad como Bogotá. Las dos expresiones de la izquierda, con algunos refuerzos, el Polo, los Progresistas (estos últimos más duramente), perdieron la confianza de la ciudadanía, que no había sido masiva. Cuando a ‘Timochenko’ le preguntan si se está desmovilizando, en forma coherente con lo anterior, responde: No, ahora nos estamos movilizando políticamente. Cabe preguntarse, si los resultados del 25 de octubre están inspirando replanteamientos de fondo en los partidos existentes. Que se declaren casi todos satisfechos con lo que ocurrió, es preocupante. Muestra que no tienen claridad sobre el desafío que pronto tendrán que enfrentar.Mientras tanto, las Farc, además, plantean un Plan Nacional (Planpaz) para implementar, con su participación, los acuerdos de La Habana. Solicitan un generoso fondo para financiarlo y reclaman una participación durante 8 años, sin necesidad de ser elegidos popularmente tanto en Congreso como en Asambleas y Concejos. ¿En qué proporción?Reiteran que el blindaje jurídico-político para los acuerdos es una Asamblea Constituyente cuya agenda anuncian en el saludo del 30 de octubre a los congresistas que los visitaron en La Habana. Una agenda que desborda las 28 “salvedades puntuales” a los tres temas pre-acordados. Y que deja sin piso otros esfuerzos en este sentido que ellos descalifican como “perdedera de tiempo”.Es una buena noticia saber que el exministro Rafael Pardo asume las responsabilidades correspondientes al Post–Acuerdo. En esencia, no solo la implementación de los acuerdos sino la preparación del sistema político para un escenario que no tiene antecedentes.Esto se dice para llamar la atención con respecto a una agenda que se debe construir y realizar. Algunos la entienden como una manera de generar miedo y hasta pánico. De ninguna manera. Se trata de lo contrario. Es decir, de superar los temores, las suspicacias, gracias a un esfuerzo sistemático para estar en capacidad de lidiar con situaciones que pueden ser inéditas, inesperadas.¿Por qué es bien visto el proceso de preparación de las Farc para el Post– Acuerdo y se perciben con tanta aprehensión las invitaciones a que instituciones nacionales, departamentales, municipales, partidos, sociedad civil, empresarios, hagan lo propio, desde ahora y no después?¿Acaso el Congreso se puede permitir que su credibilidad y acatamiento en la sociedad sea tan negativo? ¿Y, en general, los políticos en todos los niveles pueden declararse satisfechos con las maneras de relacionarse con los ciudadanos?

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