Plebiscito en perspectiva

Agosto 27, 2016 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

La afortunada culminación de las conversaciones de La Habana, y la anunciada convocatoria del plebiscito ha suscitado aquí y en el exterior un intento de volver sobre la historia de los anteriores procesos para buscar la paz. Sin ir tan lejos como los casos del Siglo XIX hasta la Guerra de los Mil Días, conviene recordar los que pusieron fin exitosamente a la violencia ínterpartidista, producto del sectarismo que al decir del respetado historiador de Oxford, Malcolm Deas, “...alcanzó una profundidad y una cobertura que me parece sin rival en la América Latina”.La violencia interpartidista encontró su final en las acciones del general Rojas Pinilla como presidente. Y, luego, en los acuerdos que resultaron de las conversaciones entre Laureano Gómez y Alberto Lleras, con el beneplácito de la Junta Militar de Gobierno y el apoyo de los principales dirigente políticos, empresariales y sociales de entonces. Fue lo que se plasmó en el plebiscito del primero de diciembre de 1957,  realmente un referéndum, que dio lugar al Frente Nacional. Se trataba de una de las fórmulas clásicas para superar un conflicto de esta naturaleza: compartir el poder entre las partes enfrentadas. El acuerdo resolvía, así, el tema central: cómo hacer socias a las dos partes en una empresa común y no enemigas a muerte.  Un arreglo elemental. Pero sabio y necesario. Dos instituciones claves hicieron el milagro: la paridad en la distribución de todos los cargos públicos de elección popular y administrativos y, posteriormente, la alternación en la presidencia, la fórmula más controvertida del arreglo. Otros temas formaron parte del acuerdo: el voto femenino, aunque las mujeres participaron en la aprobación popular del plebiscito. La carrera administrativa, la creación de la ESAP para formar los cuadros administrativos. La asignación del 10 por ciento del presupuesto nacional para la educación pública.Los procesos posteriores tuvieron que ver con grupos insurgentes de diversas tendencias de izquierda radical. Turbay creo la primera comisión de Paz que presidio Carlos Lleras Restrepo. Betancur lo volvió a nombrar y luego Otto Morales y John Agudelo tomaron la tarea. Se inició con un cese de fuego bilateral, tuvo una agenda pero fracaso. El asalto al Palacio de Justicia le dio un golpe mortal. Barco logro éxito con el M-19 y Gaviria lo consolidó y amplió con otros grupos. Aparte de algunas favorabilidades para facilitar la participación en política no hubo otros temas. Pastrana fue muy lejos, estuvo a punto de llegar a un entendimiento. Pero fracasó. Uribe puso en marcha la política de seguridad democrática posibilitada por el plan Colombia y el ambiente internacional generado por el ataque a Estados Unidos el once de septiembre de 2001 y por la redefinición internacional que designó a las Farc y otros grupos como terroristas o narcoterroristas. La reelección le permitió avanzar como nunca en debilitar los grupos violentos. Santos, ayudado por la reelección, logró en seis años lo que sus antecesores no pudieron realizar. Como lo dijo el presidente Santos, todos estos esfuerzos contribuyeron a este acuerdo histórico. Con todo, es la primera vez que el consenso al respecto no existe. Ojalá el plebiscito ayude a reconstruirlo y no a profundizarlo.

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