Plaza Sésamo

Junio 20, 2015 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

La revista The Economist en su reciente edición (13-19 de junio) trae en la página 31 una interesantísima información que ayuda a despejar interrogantes con respecto a la eficacia de los procesos educativos. Una y otra vez nos preguntamos ¿los computadores o las tabletas pueden mejorar este proceso; si la clase magistral no aporta mucho y es mejor inducir la participación de los estudiantes; o cuál sería la combinación ideal entre estos dos métodos? Algunos quisieran que el papel predominante del profesor cediera a una condición más bien de facilitador, en la cual los estudiantes juegan papel menos pasivo y más protagonista. Que lo que hay es un proceso de aprendizaje y no de enseñanza.El Primer Ministro de Inglaterra Harold Wilson, laborista, promovió la Universidad Abierta para contrarrestar el elitismo de la educación británica. Se elaboraron materiales escritos de alta calidad y se realizaron programas de televisión de muy buen nivel. Hoy las cosas han cambiado radicalmente en Gran Bretaña; el elitismo universitario ya no lo es tanto y se reconoce que hay otras dimensiones del proceso educativo que deben tomarse en cuenta, como es el relacionamiento entre las personas. El formidable avance tecnológico permite que este experimento cuente hoy con herramientas que pueden superar las debilidades del sistema de educación no presencial. Es posible la interacción entre los estudiantes y entre éstos y el profesor, en tiempo real. Y la urgencia de ofrecer una educación de excelencia ha llevado a las mejores universidades a contemplar la introducción de esta forma de enseñanza. Hay ensayos muy diversos, unos más ambiciosos que otros.El artículo que trae The Economist está dando lugar a un debate amplio. ¿En qué se basa la información de esta importante revista? En una investigación de dos economistas, Melissa Kearney de la Universidad de Maryland y Phillip Levine de Wellesley College. Ellos investigaron el desempeño académico de los niños que después de 1969 tuvieron acceso al famoso programa de televisión ‘Plaza Sésamo’. Es decir, aquellos que tenían menos de 6 años en 1969. El hallazgo fue el siguiente: estaban mejor preparados para su desempeño escolar. O sea que Big Bird, Elmo, Bert y Ernie fueron excelentes profesores. El principal tanque de pensamiento en los Estados Unidos, Brookings, comenta que ochenta millones de niños americanos han seguido ‘Plaza Sésamo’ durante sus 50 años de existencia y reconoce en un informe publicado el 18 de junio, que estos programas fueron realizados siguiendo pautas muy rigurosas de investigación y evaluación que todavía se mantienen. Es un programa que llega a 150 países y que por un precio estimado de cinco dólares por niño, logra resultados muy positivos. Un dato que estimula los esfuerzos que se están poniendo en marcha para ofrecer masivamente cursos no presenciales. El hecho de que en 1969 solamente dos tercios de los hogares en Estados Unidos contara con aparatos de televisión, permitió hacer un estudio comparativo que revela la ventaja que obtuvieron los niños que vieron ‘Plaza Sésamo’. El efecto fue más notorio en niños de origen afro y para aquellos que habitaban en áreas deprimidas. O sea, una herramienta que ha contribuido a la equidad en un campo tan clave como el de la educación. Nuestra educación es muy tradicional, la tecnología no es una solución mágica. Pero ayuda, sobre todo, a los niños más desfavorecidos en el periodo pre-escolar.

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