¿Paz consentida?

Mayo 24, 2014 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Hasta ahora el proceso electoral no ha girado en torno de la Paz o la Guerra. Ni antes de las elecciones de marzo ni ahora para la primera vuelta ese ha sido el tema central. Pienso que el presidente Santos hará lo posible porque ese sea el contenido  de la segunda vuelta. Y me pregunto si el candidato que lo desafíe como consecuencia de los resultados del 25 de mayo aceptara eso  o preferirá llevar a los electores temas como el empleo, la educación, la seguridad urbana, la salud o la administración de justicia.  Es bien sabido que en la lista de temas que las encuestas identifican como los más importantes, el de las negociaciones de paz no aparece como uno prioritario puesto que sólo el 5% lo menciona. Y sabemos que el 70% apoya las conversaciones de paz pero pide  que haya alguna forma de sanción penal (habría que hacer unas preguntas desagregadas para desentrañar el verdadero significado de esta actitud). Y, en menor proporción,  tampoco apoya la elegibilidad de los comandantes de las Farc para el Congreso.¿Existe un consenso nacional sobre la conveniencia de unas conversaciones de paz que lleven a la finalización del conflicto? Este proceso electoral dice que sí. Todos los candidatos, y se supone que ellos representan corrientes de opinión decisorias, apoyan una salida negociada. Óscar Iván Zuluaga establece unas condiciones que algunos consideran que harían imposible la continuación de las conversaciones. Martha Lucía Ramírez, también introduciría nuevas reglas. Enrique Peñalosa y Clara López  apoyan lo que se ha avanzado, respaldan el equipo negociador y hacen sugerencias para mejorarlo. Entonces, ¿por qué no se hace un esfuerzo para construir un auténtico consenso nacional  en torno del tema de la paz, que es un tema fundamental? ¿Por qué no se hace una estrategia  para evitar una división de la opinión pública al respecto? ¿Acaso conviene que de este proceso electoral resulte una confrontación al respecto? Que consecuencias tendría una situación semejante? ¿Acaso si la segunda vuelta genera esa confrontación indeseable no debería ser este un tema prioritario para reconstruir el consenso con respecto a un tema tan fundamental?  Esta división no significa un avance sino un retroceso. Nadie reclama unanimidad en todas las dimensiones y detalles, hay espacio para el desacuerdo y la crítica, pero sí es urgente un consenso básico.El proceso de paz que puso fin para siempre a la confrontación entre liberales y conservadores fue el resultado de un formidable consenso que luego se ratificó por medio del mal llamado plebiscito que obtuvo una votación altísima de apoyo.  Y dio lugar a un consenso bipartidista que duró formalmente dieciséis años  y continuó hasta 1986. Lo propio ocurrió con el acuerdo de paz durante la administración Barco con el M 19 y otros grupos. El partido político del M19 recibió un apoyo significativo para sus delegados a la Asamblea Constituyente de 1991. Los procesos de Belisario Betancur, Andrés Pastrana y Álvaro Uribe fueron más controvertidos.Así las cosas, el resultado electoral no debería estar motivado por el miedo de uno u otro lado, sino por la ilusión y la esperanza en la construcción de una Colombia más amable y solidaria. El resultado de las elecciones no debe tener una implicación catastrófica para nadie.  Debe ser la escogencia de una alternativa que es aceptable para todos así no sea la preferida por todos.

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