Pasado y futuro

Pasado y futuro

Octubre 03, 2015 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

La superación de un prolongado conflicto armado corre el riesgo de quedar atrapada en el pasado. ¿Quién cometió cuales atrocidades? ¿Cómo debe ser castigado? ¿Cómo debe reparar? Y así un sinnúmero de preguntas. Los estudios de la Memoria Histórica que han costado varios cientos de millones, algunos dicen miles, iniciados durante la administración Uribe y que continúan con apoyo gubernamental e internacional; los trabajos de los historiadores, doce documentos y dos relatorías; y los que resultarán de dos Comisiones que están en ciernes, La de la verdad y la del esclarecimiento del fenómeno paramilitar, descrita por las Farc desde el 11 de julio de 2015 y, por supuesto, la nueva Jurisdicción Especial para la paz, alimentan el tema del pasado. No sobra, entonces hacer un mínimo esfuerzo para llamar la atención sobre el futuro que realmente es lo más significativo y prometedor de un proceso de paz, que implica la terminación del conflicto y la etapa (¿diez, quince años?) de construcción de la paz.  El distinguido profesor Samuel P. Huntington escribió este consejo para los encargados del proceso de democratización pero que es relevante  para la pacificación y por ello es citado en los manuales pertinentes: “Hay que reconocer que sobre el tema investigar y castigar versus perdonar y olvidar. Cada alternativa presenta problemas graves y el curso menos insatisfactorio puede ser, más bien, no investigue, no castigue, no perdone, y sobre todo, no olvide”. Un pensamiento complejo, laberíntico si se quiere, pero que dice mucho sobre una situación como la que está viviendo Colombia. Las Farc ya  están en otra onda. La reveló antes de ayer su comandante máximo: no más formación militar, he ordenado dedicarse a la formación política. Un planteamiento coherente con lo que les hemos propuesto desde el primer día. Cambien las balas por votos, la destrucción de la infraestructura por propuestas de bienestar, etc. Lo que nos dijo realmente es que tiene la mirada puesta en el futuro. Y que como también les hemos propuesto, transformen una fuerza política armada en una fuerza política desarmada. Jueguen a la política sin armas, sin intimidación, sin extorsión. Insistan, no abandonen su propósito de tomarse el poder, pero por la vía pacífica, haciendo gala de las virtudes que Koffi Annan, exsecretario de la ONU, mencionó en un importante manual que enseña a negociar conflictos armados: desarrollar los hábitos del compromiso, la cooperación y la construcción de consensos. Formación política. Y, además, aprender a ganar elecciones.  Y es formación política también el aprender a inspirar una Nación, a orientarla, a ofrecerle esperanzas reales de  una mejor situación, darle satisfacciones y siempre diseñar nuevos horizontes de prosperidad y justicia social. Cabe preguntarse quién se propondrá ofrecer la formación política  a quienes  van a competir en franca lid con esta nueva fuerza.La orden de Timochenko es reveladora. No más violencia, vamos por la lucha política civilizada. Desde ya, eso anuncia, está construyendo lo que sería su ventaja comparativa. Habría podido no decirlo. No prevenir a sus eventuales contrincantes. Pero sabe de qué se trata. Ese es el tamaño del desafío, que pienso no ha sido bien registrado. Crear nuevos liderazgos municipales y regionales para, entonces sí, construir un poder nacional.

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