Participación política

Abril 11, 2015 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Una de las grandes innovaciones de la Constitución de 1991 fue la participación política. No son muchas las constituciones en el mundo que contemplan tantos mecanismos y escenarios de participación como los que se adoptaron. Infortunadamente la Ley estatutaria 134 de 1994 fue demasiado prudente en la reglamentación de estos mecanismos, a tal punto, que los hizo inviables o inocuos.Las evidencias están a la vista. La revocatoria del Alcalde Mayor de Bogotá estuvo sometida a tantas idas y venidas, que terminó en gran frustración para quienes promovieron este mecanismo ciudadano de participación. Conforme a la decisión que tomó la Corte Constitucional el pasado 9 de abril, esos procesos de revocatoria no podrán tener lugar ni en el primer año, ni en el último. Así se decretó la defunción de un intento que desaparecía y resucitaba. Esto lo ha dicho la Corte con ocasión de la revisión que ha hecho de la reforma de la Ley Estatutaria, tema que lleva más de dos años a consideración de este Tribunal. No se conoce todavía el texto completo del fallo pero la información indica que hay innovaciones muy significativas que requerirán, una vez la sentencia esté firmada por todos los Magistrados, que el Congreso incorpore los cambios ordenados por la Corte. Es tema de enorme importancia. Se trata no sólo de darle vigencia a una de las dimensiones más significativas de la Constitución del 91, sino de responder a uno de los puntos claves de los acuerdos que se están conversando en La Habana. Si el conflicto se da por terminado, la participación de los ciudadanos, principalmente en el nivel territorial, será una característica del proceso de toma de decisiones. No sólo porque se habla de un presupuesto participativo, sino porque conforme a los acuerdos, la implementación deberá ser resultado de un proceso de participación. Aquí tenemos uno de los asuntos que requieren desde ya preparación muy cuidadosa. Participar no es fácil. Quienes han estudiado el tema dicen que a participar se aprende participando. Alguna vez Luis Carlos Galán conjugó así el verbo participar: “Yo participo, tú participas, él participa, etc…. ellos deciden”. Una manera de mostrar cómo el proceso de participación puede deformarse y perder toda credibilidad si es un mero ritual que se desgasta cuando los ciudadanos ven que no vale la pena. Se participa, no para imponer puntos de vista, pero sí con la expectativa de que van a ser tomados en cuenta o de que en alguna forma van a incidir en la decisión final. Se requiere pedagogía para que el ciudadano entienda la real naturaleza del mecanismo. De otra manera, muy pronto perderá toda credibilidad. Y se trata exactamente de lo contrario: se busca que el ciudadano vea en estos mecanismos una real posibilidad de influir, no de imponer; un escenario para que sus opiniones sean tenidas en cuenta; una oportunidad para contribuir a mejorar la gobernabilidad democrática. Nada fácil. Un aprendizaje civilizador. Desde ya debiéramos estar trabajando en esa dirección.Así se fortalece y dignifica la vida política. La Corte distingue entre una Asamblea Constituyente y una Constitucional, como la que planteó López Michelsen. Esta última es limitada, al convocarla se establecerán con precisión los temas; no tiene poderes omnímodos como la del 91. Es una distinción esencial.

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