Oposición

Enero 28, 2017 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

La calidad de una democracia está ligada al respeto a las minorías. Entre ellas, la más significativa es aquella que realiza el trabajo de la oposición política, o sea la que busca constituirse en alternativa de gobierno. Fue lo que promovió el presidente Barco en 1986 y que, convenientemente, se hace un esfuerzo sistemático por olvidar.He escrito sobre el tema, antes, durante y después de ese experimento político y recientemente, con ocasión tanto de la conmemoración del gobierno Barco (hace treinta años) como de homenajes a la memoria de Alfonso López Michelsen, opositor y teórico del esquema, que Mario Latorre Rueda y este columnista ayudaron a promover.Es algo extraño que el Estatuto de Oposición se haya elaborado en silencio. Una paradoja. El programa de entrevistas de Yamid Amat dedicó dos sesiones a divulgar su contenido. Y todavía es difícil conseguir el texto. Está muy bien que por fin se logre lo que en nuestra época y después ha sido imposible: elaborar y aprobar un Estatuto de Oposición. Es importante decir algo que se omite, a saber, que la Constitución, la de entonces y la de ahora con mayor razón, por su naturaleza democrática, ha sido un Estatuto de Oposición. Otra cosa es la conveniencia de desarrollar las disposiciones que lo contienen para darle eficacia, para que no se eludan caprichosamente garantías y derechos que están consagrados pero que, ocasionalmente no se respetan.Una oposición como la del Centro Democrático tiene que reconocer que, protegidos por esa Constitución, ganaron la primera vuelta presidencial en 2014 y obtuvieron la victoria del No en el Plebiscito del 2 de octubre. Hacen bien en señalar las circunstancias que no permiten que la oposición que representan pueda ejercerse a plenitud. Y por ello es bienvenida la elaboración del estatuto en el cual no quisieron participar, pero en el que tuvieron papel significativo todas las fuerzas políticas, incluyendo las que se declaran en oposición a la administración Santos.Que la Oposición goce de protección en materia de seguridad, y de todas las garantías y derechos, es fundamental. Nada debe agradecer más un gobierno que contar con una oposición vigorosa, inteligente, ambiciosa, bien intencionada. Lo que hace un buen gobierno es el juego democrático entre él y la oposición. El papel de la oposición no es obstruir al gobierno. Es alimentar una actitud de crítica seria que evite abusos, excesos, desviaciones y que obligue a la administración a cumplir sus promesas y a realizar con eficacia los programas. Hoy por ti, mañana por mí. En lenguaje coloquial esa es la esencia del juego democrático. La oposición ejerce crítica y goza de derechos y garantías que, luego, como gobierno, tendrá que ofrecer a quienes la sustituyan. Por ello respetar la oposición de hoy es respetar al gobierno de mañana. Y viceversa. Todavía tenemos mucho que aprender sobre ese proceso. Oportunamente examinaré el texto del Estatuto anunciado para señalar sus virtudes y vacíos.En buena hora se anuncia su próxima aprobación. En palabras de Borges, se diría que hemos “tomado la extraña resolución de ser razonables”. Resolvimos olvidar las “diferencias y acentuar las afinidades”. No solamente queremos un adiós a las armas como herramienta de lucha política, sino a la estigmatización, a la persecución, al marginamiento como forma de relación entre gobierno y oposición.

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