Oposición en marcha

Oposición en marcha

Agosto 30, 2014 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

La decisión de la coalición de gobierno de contribuir con sus votos para que el Polo Democrático obtuviera un puesto en el Consejo Nacional Electoral es un gesto que merece ser destacado. Muestra que, aún si la ley no provee lo necesario para que la Oposición goce de un derecho elemental, la mayoría puede facilitarlo con un espíritu de generosidad política. Ojalá haya más gestos de ese estilo. Las mesas directivas del Congreso debieran tener participación de las fuerzas opositoras, al igual que cada una de las comisiones.Lo propio debiera ocurrir con la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores. El Centro Democrático ya tiene un espacio que corresponde a Álvaro Uribe como expresidente; el Polo debiera, también, tener presencia. Es deplorable que la característica consensual de nuestra política exterior haya desaparecido, y no de ahora sino desde hace buen tiempo. Recientemente, se ha hecho más notorio el desacuerdo.La Autoridad Nacional de Televisión (Antv), también debe contar con la participación de las fuerzas de oposición. El poder real en la vida política está en los medios de comunicación, incluyendo las novedosas redes sociales. Es un sector que debe ser modelo de auténtico equilibrio democrático.El tema de la oposición del Centro Democrático (el Polo ya ha venido haciéndola), se manifestó en el Congreso, en virtud del debate que lideró la senadora Paloma Valencia Lasserna sobre el proceso electoral de 2015. Dio lugar a múltiples intervenciones y réplicas, fue elogiada por sus adversarios y algunos de ellos la descalificaron. Normal. Aunque no pude escuchar su intervención, sí oí durante varias horas comentarios de sus colegas y, luego, de periodistas.El reglamento del Congreso y su aplicación no se prestan para adelantar como corresponde este tipo de debates. Es aquí donde la coalición de gobierno y las fuerzas de oposición deben acordar reglas de juego que aseguren la seriedad del debate y la adecuada participación de las diversas fuerzas y opiniones. El congresista citante y el ministro deben tener oportunidad y tiempo suficiente para cerrar el debate. Así el Congreso ganaría en prestigio, daría ejemplo sobre cómo se adelanta una controversia intelectual, por dura que esta sea. Mucho más importante cuando se trataba el tema de la legitimidad del resultado electoral.No ayuda que muchas de las intervenciones sean suspendidas, queden incompletas. Las bancadas podrían pactar formas de controvertir que respetaran los derechos de todas ellas y, si es el caso, de congresistas, así como los derechos del Gobierno. Sería un espectáculo civilizado, estimulante, ejemplar. Así vamos construyendo una cultura de buen trato entre la coalición de gobierno y las fuerzas de oposición. Y ello redunda en el fortalecimiento de nuestra democracia.El Congreso es, ante todo, el escenario de las fuerzas de oposición, de la crítica y del control político. Es, por supuesto, el escenario donde las mayorías ejercen legítimamente su derecho de sacar adelante su plataforma legislativa y, claro está, de defender la gestión del Gobierno.La Constitución es el estatuto de la oposición. Conviene desarrollarla a este respecto, para que las minorías sientan que cuentan con todas las garantías. Así es como se asegura un comportamiento pacífico de quienes perdieron pero aspiran a convertirse en una alternativa legítima de poder. Ni tiranía de la mayoría, ni desprecio por la debilidad de las minorías.

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