No importa

No importa

Febrero 16, 2018 - 11:50 p.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

El contralor general, Edgardo Maya, ha hecho un diagnóstico de hondo calado. De grandes implicaciones.

Prefiero citarlo textualmente: “Hay un partido político único y poderoso en Colombia que maneja la política y maneja todo, es el de los contratistas. Ellos son quienes manejan las campañas políticas”. Es una frase que El Tiempo del 14 de febrero destaca notoriamente. Y en la crónica que recoge las deliberaciones del foro que sobre ética pública convocaron la Universidad del Rosario, la Fundación Adenauer y el propio periódico, se añade: “Sobre los contratistas, Maya Villazón insistió en que son un partido porque manejan las administraciones locales, regionales y nacionales a su antojo; poder que logran gracias a que son los mismos financiadores de las campañas”.

Dos textos que apuntan a lo mismo, en esencia dicen que los partidos políticos realmente no existen, que son otros intereses los que gobiernan el país. Invito al lector a que relea esas líneas para que vaya sumando lo que dicen y concluya si es cierta o no la tremenda implicación de esta tesis.

Pero lo más sorprendente no es esta tesis planteada por la persona que tiene todos los datos contables de la Nación, que ha sido Procurador General durante ocho años, en tiempos recientes. No es la tesis de un ratón de biblioteca, de un intelectual que entró en un rapto que lo llevó a hacer un planteamiento tan radical en un escenario donde estaban académicos, candidatos y un distinguido profesor de Harvard.

Lo asombroso es que no se haya generado debate en torno de la misma. El Contralor General no está lejos de afirmaciones hechas, por ejemplo, por el presidente Gaviria, quien habla de que el gran problema es el de “los políticos-contratistas”, o de las del Fiscal General que ha venido agitando el tema de las graves implicaciones que tiene una financiación de la política que permite no sólo la influencia nefasta de lo contratistas, sino del dinero ilícito. Y que, además, genera enriquecimientos ilícitos producto de comportamientos criminales, auspiciados por contubernios entre contratistas, políticos, funcionarios y hasta magistrados, jueces y fiscales en todos los niveles de la Nación.

Esto lo ha mostrado dramáticamente el caso del departamento de Córdoba. Miembros importantes del Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial, en el nivel nacional, departamental y municipal han estado implicados en un latrocinio descomunal. Se ha puesto en evidencia la existencia de una empresa político-criminal al estilo de las que, al final del Siglo XX, unos fiscales heroicos en Italia denunciaron y combatieron: el famoso operativo de ‘Manos limpias’.

Ojalá el trabajo conjunto de Procuraduría, Contraloría, Fiscalía describa en documento público los perfiles perversos de este tipo de organización criminal y revele sus pérfidas consecuencias no sólo para el departamento de Córdoba, su población más vulnerable, sino para el funcionamiento de las instituciones democráticas. Su terrible contribución al desencanto creciente con la política y los políticos.

El distinguido economista Luis Jorge Garay concluyó -muy pertinente- otro excelente trabajo sobre el escándalo de macro-corrupción en Brasil. En el desnuda la manera como la imbricación entre políticos, empresarios, contratistas, abogados, etc., generó esta estrategia de sobornos en Brasil, América Latina y otros continentes, cuyas finalidades no fueron solamente de enriquecimiento personal sino, habría que averiguarlo, la intencionalidad política que se devolvió como un boomerang contra la izquierda.

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