López, íntimo

Agosto 01, 2015 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Una autorización testamentaria les permitió a los hijos de López Michelsen encomendarle a la periodista Diana Giraldo la tarea de preparar una bellísima edición que recoge la correspondencia con su padre, su madre, con Lucía Salazar, la mujer que quiso mucho pero con la cual concluyó que el matrimonio no habría sobrevivido, y con la novia de siempre, a la que le escribía sin tutearla, y, en ocasiones, con un alto contenido intelectual, doña Cecilia Caballero Blanco, la queridísima ‘Niña Ceci’.No conozco otro estadista que haya abierto sus reflexiones más privadas al conocimiento público. Al repasar el libro que fue patrocinado por el Ministerio de Cultura y Seguros Bolívar, uno no sabe qué es más placentero, si mirarlo, si acariciarlo, o si experimentar el gusto de leerlo y de sacar de algunos bolsillos las cartas facsimilares que parecen originales.Uno puede identificarse con la afirmación del presidente Olaya Herrera cuando alguien le comentó que Alfonso López Michelsen era muy inteligente y el comentó: “Pues tiene por dónde ese muchachito”. El contenido de este epistolario revela realmente una personalidad superior y no sé si por ello mismo atormentada por sentimientos de abulia, desconcierto, neurastenia o neurosis. Es fascinante acompañarlo en ese itinerario vital para verificar cómo fue capaz de superar, y de qué manera, tantas situaciones difíciles, de todo orden.Sería interesantísimo encontrar algún libro similar que se preste para hacer comparaciones sobre una experiencia vital tan compleja y tan atractiva. Esa correspondencia en la cual se encuentran diagnósticos políticos, frases duras sobre personalidades de la vida política colombiana y hasta meditaciones sobre el sentido de la vida y de lo que vale la pena hacer con ella llega hasta casi meses antes de morir, particularmente en lo referente a esa mujer que tanto lo atormentó y que tanto admiró, Lucía Salazar, quien murió unos pocos años antes que él. Es, también, algo que invita a la perplejidad y a la admiración tanto por él como por ella.Otra sería la experiencia intelectual de encontrarse con este libro si se hubiera tratado de un diario o de unas memorias. Esta colección de fotografías, objetos, tarjetas postales y cartas escritas a mano o mecanografiadas proporcionan una deliciosa experiencia. En mi caso personal, interrumpí tareas, diría que urgentes, porque quedé absorbido por esta publicación. La directora de este proyecto, Diana Giraldo, que reconoce generosamente la ayuda de muchas personas, realmente tuvo a su cargo una tarea muy placentera que la llevó a hacer un trabajo juicioso. Una biografía resulta mucho más exigente para el autor, es el caso de la que está elaborando con sumo cuidado el profesor británico Malcolm Deas sobre el presidente Virgilio Barco.El libro reafirma la imagen –el recuerdo- de una personalidad excepcional. Siempre atenta al acontecer intelectual, pendiente de lo que pasaba en las regiones de su patria y en el mundo, con una mirada crítica y aguda sobre las tesis de moda aquí o en el exterior. Inquieto, nunca satisfecho, desamarrado de prejuicios y verdades convencionales.Sin duda, una personalidad interesante como la que más, seductora, llena de generosidad genuina cuando correspondía. Juguetón política e intelectualmente, lo cual jamás demeritó la significación de sus planteamientos y actitudes. Un político con sentido del Estado y de la historia, como pocos, muy pocos.

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