Leyendo el Acuerdo General…

Noviembre 29, 2014 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Como estamos en vísperas, según lo ha anunciado el Comandante de las Farc de unas nuevas consideraciones con respecto a las conversaciones en La Habana, conviene hacer algunos comentarios sobre la naturaleza del Acuerdo General que ha llevado a este proceso de paz, que tiene, aparte de las conversaciones secretas y de la exploratoria, dos grandes etapas: la de la firma de un Acuerdo General para la terminación del conflicto, es lo que se conversa en La Habana; y, luego, la construcción de una paz estable y duradera, que puede tomar entre diez y quince años, según los propios voceros del Gobierno.En primer lugar no se pactó fecha límite para esas conversaciones. Con claridad, se dice que su duración –no su terminación- estará sujeta a evaluaciones periódicas. Mayor o menor progreso en los avances irá indicando cuál sería la mayor o menor duración de las conversaciones y en el mismo punto III, con insistencia, se habla de un pronto acuerdo (en ninguna parte se habla de negociaciones). Y se dice también en forma contundente, que éstas serán “directas e ininterrumpidas”. Por eso el Gobierno no las interrumpió, tan solo las suspendió. La semántica está jugando un papel muy importante en este proceso.No sobra mostrar cómo la dinámica de estos dos años ha ido ajustando el texto del Acuerdo. Ya la fecha acordada en el punto II, para instalar las conversaciones, sufrió un cambio.En el punto IV se dice que los Gobiernos de Venezuela y Chile son “acompañantes”. Se buscaba un equilibrio: Venezuela un gobierno de izquierda, Chile un gobierno de centro derecha de Sebastián Piñera. El régimen político de Chile cambió; la izquierda retornó al poder y el equilibrio buscado desapareció. Con todo, el proceso ganó la experiencia y el conocimiento de un auténtico dirigente político en Chile, que es Luis Mayra. Se fijó un cupo para cada delegación, hasta de 30 representantes. Las Farc parecen haber copado esta opción. Se había pactado el principio de confidencialidad, aunque no el secreto total que caracterizó los primeros dos años. Ese principio no excluía la presentación de informes periódicos conjuntos ni una estrategia eficaz de difusión, pero hace varias semanas se acordó publicar los borradores existentes, que no implican un acuerdo porque solamente cuando todo esté acordado, se podrá hablar en esos términos.Realmente, la enorme exposición mediática de que han gozado las Farc ya ponía en tela de juicio la validez del principio de confidencialidad. La opinión pública no sabía a qué atenerse, si a los escuetos comunicados o informes periódicos o a los planteamientos, en ocasiones radicales, de los voceros de las Farc. Ni todos los partidos políticos juntos, ni todos los congresistas, ni las universidades, ni los gremios, ni todos ellos en conjunto, han gozado durante estos dos años de la exposición mediática privilegiada que han recibido los voceros de esa guerrilla. Siempre he creído que esa dualidad, confidencialidad y exposición mediática exagerada, le hacía un daño al proceso ante la opinión pública. Sea como fuere, está bien que se reexamine el funcionamiento de la Mesa después de dos años y se hagan los ajustes que la realidad, de hecho, ha venido haciendo. Sin duda, algunos correctivos son indispensables. Estaremos atentos. Lo importante es que esta esperanza de paz no se debilite.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad