La crisis del agua

La crisis del agua

Agosto 02, 2014 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Alguna vez mencioné el concepto de un manejo pobre del desarrollo. De la misma manera, podríamos hablar hoy de una “pobre gobernabilidad” en muchos sectores. El caso del agua potable es dramático e invita a una reflexión sobre los factores que han llevado a semejante debacle. La situación de las comunidades en el Pacífico, en la Costa Atlántica y otras partes de Colombia, como Yopal, lo dejan a uno sin respiración. ¿Qué ha ocurrido? Una ausencia de gobernabilidad del sector del agua. Quiere decir que no contamos en el sector con instituciones serias, que miren al país en su conjunto, que distribuyan los recursos de tal manera que el derecho fundamental del agua, íntimamente ligado a la supervivencia de los humanos, de los animales y del reino vegetal, haya sido atendido prioritariamente.Sabemos cómo se ha resuelto este tema en Israel, que no goza precisamente de la riqueza hídrica que tiene Colombia. En nuestro caso ha fallado, por supuesto, el Estado en el nivel nacional, departamental y municipal. Igualmente ha fallado la sociedad civil que no reclama, con el vigor que corresponde, la satisfacción de sus más mínimos derechos. Y que cuando tiene herramientas de poder en sus manos, las cambia por espejitos, por cualquier cosa. Las reglas de eficiencia, de transparencia, de rendición de cuentas, no han tenido vigencia alguna. En este tema, hay que decirlo con fuerza, la responsabilidad no es solamente del Estado. Los ciudadanos tienen una enorme responsabilidad, porque han permitido que sus recursos se esfumen en la corrupción, en el despilfarro, en el mal gobierno, en los favoritismos. Cuando se mira el mapa de las regiones que han recibido mayor volumen de regalías, cifras realmente enormes, encontramos que, al mismo tiempo, son aquellas que sufren, no solamente el desabastecimiento del agua potable, sino la ausencia o la mediocridad de otros servicios públicos indispensables.La Guajira es un caso protuberante de semejante desastre. Y, ¿qué tal el Casanare? ¿Y la miserable situación de Quibdó y otras municipalidades y comunidades en el Pacífico? Las respuestas inmediatas a esta crisis, que se va a seguir repitiendo, son necesarias. Pero así no se puede continuar. Es indispensable construir una gobernabilidad democrática que tenga la capacidad de afrontar este desafío en forma permanente y de responder a las crisis que surjan, como la que se está viviendo.Eso está inventado. No se requiere una comisión de sabios para explorar los caminos más apropiados. El Banco Mundial ha publicado informes de diverso tamaño sobre el tema: cómo hacerlo, cómo garantizar la sostenibilidad, cómo evitar la corrupción. La Contraloría General de la República elaboró un informe hace tres o cuatro años, con todos los detalles sobre el asunto, los ejemplos de pésima gestión, las malas inversiones realizadas por los municipios, etc.La crisis del agua potable es indicativa de muchas cosas que ocurren en Colombia: el problema está identificado, sabemos cómo se resuelve, tenemos los recursos financieros y humanos, y por supuesto los hídricos. El resultado es, o la inacción o el mal manejo sistemático del asunto, o el descuido y la negligencia. Y, cómo ocultarlo, la corrupción que cunde por doquier en gobiernos municipales y departamentales, y que no encuentra un rechazo absoluto, contundente, en la ciudadanía.

VER COMENTARIOS
Columnistas