Ingobernable

Ingobernable

Abril 25, 2015 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Los maestros cesan sus actividades docentes, creando descomunal problema para cientos de miles de familias y desconociendo el derecho a la educación de más de un millón de estudiantes. Simultáneamente se anuncia otro paro agrario y hay rumores sobre un nuevo paro judicial. Como si los 90 días de vacancia al final de 2014 no hubieran sido suficientes.La televisión proyecta los más escandalosos videos sobre la manera descarada como miles de jóvenes estudiantes y ciudadanos de todas las edades y géneros, se suben al sistema de transporte masivo sin pagar pasaje. ¿Cien mil diarios? ¿Veinticinco mil? Las cifras muestran anarquía descomunal. De nada sirve que se informe sobre los ciudadanos que han muerto en accidentes debidos a un comportamiento que, en algunos casos, es muy riesgoso. Y en uno de los sitios más cotizados de la ciudad se produjo, el miércoles de esta semana, un asalto ejecutado por cuatro jóvenes a todos los pasajeros en uno de los buses articulados. En este caso, por fortuna el conductor y la ciudadanía jugaron valeroso papel que permitirá a las autoridades judiciales sancionar, ojalá ejemplarmente, estos delincuentes.Los padres de la Iglesia enseñaron en los primeros siglos de la Cristiandad que “por faltas muy pequeñas comienzan los que incurren en grandes delitos”. Eso es lo que estamos viviendo. El sistema educativo no hace su tarea. La familia ha ido también desentendiéndose y la televisión proclama a los cuatro vientos los comportamientos más indebidos en telenovelas que se vanaglorian de alcanzar un alto porcentaje de televidentes.Vamos muy mal. Así como miles no pagan el pasaje otros resuelven que las fachadas de casas, edificios, comercios, como monumentos públicos, iglesias, no merecen respeto alguno. La ciudad está embadurnada de grafitis, como si la propiedad privada no existiera. La suciedad es notoria en muchos espacios públicos. Estoy hablando de la Bogotá que hace quince años se presentaba en las mejores universidades como modelo de progreso, buen gobierno y ciudadanía. Es la decadencia. Casi la anarquía. Claro, los males vienen juntos. Las avenidas principales están plagadas de huecos que dificultan la movilidad y ocasionan accidentes. Las aceras son modelo de descuido, irrespeto al ciudadano y riesgo permanente. Diariamente cientos de ciudadanos sufren caídas, luxaciones, etc. En ese ambiente la inseguridad hace su agosto. Al contemplar semejante desgobierno uno recuerda la tesis sobre el “milagro del asentimiento”, o sea, el milagro de que en contextos tan asimétricos económica y socialmente, la gente se allane a obedecer reglas mínimas de comportamiento, que son las que generan convivencia y tranquilidad. Es lo que llaman paz. Es escandaloso. Pero más escandaloso el desentendimiento de las autoridades distritales con respecto a todos estos comportamientos nada civilizados. Es como si no existieran. El Concejo Distrital no se pronuncia. Los gremios económicos y sociales están mudos. Es legítimo preguntarse ¿Qué ocurrirá con normas más exigentes? Ya hay expresiones de rebeldía para el pago del Impuesto Predial, que en muchos casos ha sido exagerado. Así se van creando las condiciones para el desacato, el irrespeto a las autoridades. Los congresistas dejan de asistir a sesiones claves, al estilo de los maestros. ¿Y entonces? ¿Ese es el ejemplo para los ciudadanos? ¿Así los invitamos a que cumplan con su deber, paguen los impuestos, etc.? ¡Ah, y las Farc no se inmutan!

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