Indignación y cambio

Noviembre 12, 2016 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Pues llegó. Trump desafió y superó -brutalmente- los obstáculos que parecían negarle el premio mayor. Lo educaron como un ganador y en este caso hizo gala de todas sus habilidades y argucias para alcanzar lo que seguramente acarició como un anhelo por muchos años. ¿Qué factores fueron decisivos? De muchas lecturas y conversaciones con buenos conocedores del tema, se puede afirmar que dos aspectos centrales fueron determinantes: uno, la indignación de los ‘olvidados’, principalmente los trabajadores blancos sin educación universitaria. Es tema que se ha repetido hasta la saciedad. Resultado evidente de una globalización cuyos efectos han sido mal distribuidos. Muchos se han beneficiado, pero también muchos se quedaron al margen, sin que se hubieran materializado los mecanismos que se sabía había que desarrollar para ayudarlos a superar los impactos de la globalización. Algunos dicen que los propios republicanos los bloquearon en el Congreso y ahora son ellos quienes han obtenido los votos de los indignados por el deterioro de su situación económica. Un segundo factor fue el tema del cambio. Tradicionalmente es excepcional que un partido se mantenga en el poder después de ocho años. Pero en este caso hubo algo más. Los indignados querían, ante todo, un cambio con respecto a lo que les había tocado vivir. Y ese cambio fue el que prometió Trump, quien lo hizo, además, con indignación. Supo traducir en votos esa situación emocional de marginalidad. Hillary optó por representar el statu quo, la continuidad, el establecimiento, en contravía del sentimiento predominante en muchos estados de la Unión y de lo que representaron su marido y ella cuando derrotaron al presidente Bush, que parecía invencible.El profesor Bruce Bagley, buen conocedor de la política americana, explicó ayer en un desayuno que otro factor, no muy mencionado, contó predominantemente: la falta de entusiasmo, se podría decir por ambos candidatos, pero principalmente por Hillary. Ella no tenía ni el carisma ni la conexión con el electorado, ni la retórica que su esposo y Obama han manejado. Ello explicaría un notorio abstencionismo de los demócratas. Bernie Sanders sí logró esa sintonía, principalmente con los jóvenes. Hillary no captó esa ventaja. Es más, me he atrevido a decir que Sanders le hizo a Hillary más daño que Trump. El apoyo posterior que le dio no trasladó lo que significaba Sanders. Hillary fue víctima de dos estrategias destructoras. No se descarta el papel del director del FBI particularmente en la última semana de la campaña. Algunos dicen que el voto temprano favoreció a Hillary pero que la incidencia del FBI fue fatal en los últimos días. Muchos independientes se habrían o abstenido, o decidido en favor de Trump.Con buenas razones algunos comentaristas dicen que el carácter, o sea la imagen de confianza, transparencia, conocimiento, experiencia, etc. no pesó lo que debería en esta ocasión porque ambos candidatos perdieron credibilidad y confianza en más del 60% de los ciudadanos. Eso puede explicar la abstención y también que el factor clave fue la idea de cambiar. La gran pregunta es: si cambiar hacia adelante o hacia atrás. Al parecer Trump es el brexit de los Estados Unidos. Ha anunciado una relación diferente con el mundo, también quiere retirarse de los grandes pactos políticos, militares y comerciales. En verdad, ha sido otra crisis de la globalización.

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