Incertidumbre

Mayo 03, 2014 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Estamos entrando, por fin, en una campaña presidencial. Por ahora, el umbral que nos conduce a la segunda vuelta. Pronto, la dicotomía Cambio versus Continuidad será evidente, donde el presidente Santos representará la continuidad y su contrincante el cambio. Reelegirse no es tarea fácil. Es bien sabido que gobernantes que se consideraban imbatibles perdieron frente a rivales que eran descalificados. Fue el caso de Bush padre frente a Clinton. Un Presidente experimentado, que podía reclamar haber ganado la Guerra Fría ante la figura improbable de un Gobernador de un Estado menor, Arkansas, y con problemas que lo hacían muy vulnerable: escándalos de infidelidad, uso de marihuana, que escapó el servicio militar y fue acusado de mentiroso. Es verdad, contó con un excelente asesor de campaña, Dick Morris, y el candidato tenía carisma y sobrada inteligencia.Los expertos (Popkin , en su libro El Candidato) aseguran que la campaña de reelección tiene que ser muy diferente de la de elección. Cuando el presidente en ejercicio ofrece más de lo mismo -dice- se expone a la censura pública si no puede justificar por qué conviene mantener la dirección adoptada. Los poderes de la presidencia, añade, lo amarran. Y cita los casos de Gerald Ford y Lyndon Jhonson que se aferraron al curso de los acontecimientos porque, a pesar de toda evidencia, pensaban que estaban en lo correcto. Y recuerda una frase que podría llevar a pensar que el coraje político puede llevar al suicidio político.Las campañas para ganar o para desprestigiar al adversario sí cuentan. Eso es lo que hemos visto a partir del 9 de marzo cuando se inició la campaña presidencial. Muchos alegaban que todo estaba decidido. Le hicieron un grave daño al presidente Santos al proclamar a todos los vientos que ya había ganado y no de cualquier manera. Triplicaba o cuadruplicaba a sus rivales. Y ganaba en la primera vuelta. Todo eso se fue desvaneciendo.Las certidumbres fáciles se esfumaron. Por eso aterrizó J.J. Rendón. Por eso la campaña negativa o negra está en marcha, de uno y otro lado. Y tendremos tres semanas más animadas, aunque no tanto como lo será la segunda vuelta. Haber dado por definitivo que el presidente Santos ya estaba reelegido implicaba un notorio desprecio hacia el electorado. Piensen lo que piensen, duden o no, esto ya está claro. Inusitado. Los que saben de estas materias dicen que el primer voto que se solicita -y con fervor- es el que está seguro. Además, así se desanimaba al eventual votante en favor de Santos: para qué votar si ya todo está decidido. Y, aún más ofensivo, el argumento de que Santos ganaba porque sus rivales eran poca cosa. Y no porque había realizado una buena tarea de gobierno que merecía profundizarse y culminar. Y que entonces, era irrelevante si tenía mucho o poco respaldo. Lo importante era ganar. Lo opuesto de la exitosa estrategia de campaña en el 2002.Al candidato Santos, contra lo que decían sus amigos, lo ayuda la incertidumbre, la crítica, el debate. Y un tratamiento equilibrado para sus rivales en los medios de comunicación y las redes sociales. El ventajismo es odioso. La gente lo nota y lo castiga. Los franceses decían que en la primera vuelta se votaba con el corazón y en la segunda con el bolsillo. En la primera con las ilusiones y en la segunda con las realidades. En ese sentido, la primera es una fiesta. No ha sido así esta vez en Colombia.

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