Habló Frechette

Diciembre 26, 2015 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Sin disimular su afecto por Colombia y los colombianos (su padre trabajó en proyectos mineros aquí) Frechette, embajador durante la administración Samper, habló con el periodista Gerardo Reyes (“Frechette se confiesa. Entrevista con Myles Frechette, el Embajador de Estados Unidos más entrometido en la historia moderna de Colombia”– Planeta, noviembre 2015).En un lenguaje coloquial, totalmente espontáneo, Frechette (así lo llamábamos) rememora episodios claves del momento más difícil en las relaciones Colombia-Estados Unidos, después de la pérdida de Panamá. Digámoslo de una vez, lo que más me impresionó fue el tema que surge una y otra vez en el libro, de la casi omnipresencia de la mentira en Colombia, en todos los niveles. Y por ello un país muy difícil de captar: “… quedé realmente sorprendido con la capacidad de los colombianos para mentir…” (pág. 124). Frechette habla con desparpajo, sin tapujos; es una personalidad que ya a la altura de los 80 años está más allá del bien y del mal; se comporta como un hombre libre de cualquier atadura. Así como es descarnado describiendo personajes colombianos, hace lo propio con sus colegas en el Gobierno de los Estados Unidos.Como no puedo ocultar mi prejuicio académico debo decir que son muy aleccionadores sus recuerdos sobre el funcionamiento de la embajada en Bogotá y la descripción de lo complejo que es el proceso de decisiones en Washington, los conflictos entre las agencias, los problemas de coordinación, la información que no se comparte. Fue un aprendizaje difícil para Colombia en su momento. De igual manera es interesante su visión sobre lo que ha sido la raíz de los problemas colombianos, así ésta sea compartida por buena parte de los analistas. En esencia, la debilidad del Estado, su incapacidad para controlar el territorio, la crítica situación del sistema de Justicia.En la perspectiva colombiana, son útiles sus reminiscencias sobre el intento de golpe de estado contra Samper, la manera como se realizaron las capturas de las principales figuras del Cartel de Cali (¿qué tanto supo Samper? ¿qué tanto participó?). Lo mismo sobre la descoordinación en el gobierno colombiano, entre la Presidencia y los Ministerios y entre ellos. ¿Cómo fue el proceso para negarle la visa al Presidente Samper y cuál el papel que jugó o no la Embajada en Bogotá? Otro tema que muestra la complejidad del proceso de formulación de política en Washington. Y, lo que sabemos, el papel de la Embajada de Estados Unidos en Bogotá, como un confesionario al cual acuden altos funcionarios, militares, empresarios, etc., para dar informaciones no solicitadas y no siempre veraces. Algo similar, si le creemos a Wikileaks, ocurre en Francia. Frechette no escatima opiniones (unas más duras que otras) sobre el presidente Samper, expresidentes, ministros, funcionarios, militares, grandes empresarios, periodistas. Recuerda con especial cariño y admiración su amistad con Jaime Garzón. Igual trae a colación episodios horrendos como el de la bebé que una azafata identificó como muerta, pero que iba con su aparente madre en el avión, cargada de cocaína en su vientre (pág. 187). O uno simpático, como el del hermano de Hillary Clinton quien, como Cuerpo de Paz en Colombia, una buena noche abandonó el pueblo donde vivía, porque había prometido matrimonio a tres mujeres.Es una lectura obligada. No pocos se sentirán maltratados.

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