Gobierno y oposición

Mayo 14, 2016 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

En el régimen presidencial la legitimidad del Presidente o del Congreso es precaria. Cuando se va perdiendo favorabilidad ante la opinión -y eso es casi inevitable- es aconsejable, existiendo temas críticos o fundamentales, acudir a mecanismos de participación popular: plebiscito, consulta popular, referéndum u otros. Por eso la Democracia Representativa (constituida por elecciones) debe ser complementada con la Democracia Participativa.La Constitución de 1991 introdujo estas dos formas. El problema político resulta de periodos inmodificables: el Presidente se elige por cuatro años, cinco y hasta siete, depende del país. Lo propio ocurre con el Congreso. Cuando el Presidente pierde apoyo en la opinión, pierde legitimidad pero no legalidad. Entonces la oposición tiene una oportunidad que en Régimen Presidencial es difícil manejar. Históricamente esa situación llevaba a golpes militares. Hoy, en Brasil, el sector del Gobierno elegido hace dos años, alega que hubo golpe de estado. La oposición sostiene que utiliza instrumentos constitucionales. Y los juegos políticos, las componendas, quitan legitimidad al proceso. Lo que Dilma llamó traición del Vicepresidente. Las decisiones de autoridades que se niegan unas a otras y dicen tener sustento legal. Todo eso enturbia el proceso y lo que debería ser trámite tranquilo, se convierte en tsunami político.En Estados Unidos ese proceso fue escandaloso con Nixon y con Clinton. Ocurre con el presidente Maduro cuando se propone un referéndum para revocar su mandato, o lo que aconteció con Dilma Rousseff. Un proceso jurídico-político que toma meses, que trastorna el ambiente político, coloca unas instituciones contra otras y diluye la independencia que se espera de algunas agencias del Estado y algunos funcionarios.En Venezuela la situación es similar al Brasil o peor. El Ejecutivo y los organismos ‘independientes’ desconocen sistemáticamente las decisiones mayoritarias de la Asamblea. No hay separación ni colaboración de los poderes. Hay confrontación, desprecio, mutua deliberación.Esas situaciones muestran las virtudes del Régimen Parlamentario auténtico, como el de Gran Bretaña. Allí Gobierno y oposición se encuentran diariamente en ese templo que es el Parlamento: dialogan, se confrontan con vigor. Pero así demuestran que el esquema Gobierno-Oposición le da legitimidad al sistema político. Por eso la oposición, el mismo día que el Gobierno pierde las elecciones, asume el poder. Y el Gobierno ocupa con dignidad y se le respeta, el papel de oposición. De la noche a la mañana. Como producto de un proceso electoral que no responde a fechas fijas, que tiene plazos máximos, pero que en cualquier momento, cuando se pierde la gobernabilidad producto del control mayoritario, desata un proceso electoral. Eso no ocurre en Estados Unidos ni en América Latina. De ahí, la crisis que vive el gobierno de Estados Unidos, lo que está pasando en Venezuela y Brasil y lo que podría ocurrir en cualquier momento en otros países.Los conceptos de mayoría y minoría cobran toda importancia. Democracia no es dictadura de la mayoría. La minoría no puede dedicarse a bloquear la tarea de gobernar. Pero debe ser respetada y dignificada. Puede ser gobierno mañana; debe contar con majestad, respeto y competencia para asumirlo. Así, el Gobierno pasa a ejercer la oposición, también, con dignidad, majestad y competencia. Es el esquema Gobierno-Partidos de Oposición, que asegura estabilidad jurídica y política, alternación en el poder, aspecto fundamental de la Democracia. Lo que necesita toda sociedad.

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