Fortalecer el Estado y la Sociedad

Fortalecer el Estado y la Sociedad

Diciembre 27, 2014 - 12:00 a.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

“Cuando un americano piensa sobre el problema de construir el gobierno, se dirige no a la creación de autoridad y de acumulación de poder sino más bien a la limitación de la autoridad y a la división del poder”. Es un acertado diagnóstico del admirado profesor Samuel P. Huntington, ya desaparecido. Es una de las tres citas con las cuales introduce su elogiado libro ‘Orden Político y Decadencia Política’, Francis Fukuyama.En varias ocasiones he mencionado durante este año los libros que diagnostican la debilidad de las democracias occidentales. Esta reciente obra pone el tema en perspectiva histórica y para el caso de Estados Unidos señala, con claridad, los problemas que han venido afectando el correcto ejercicio del poder, los cuales tienen sus raíces en la creación misma de la Unión Americana.Todo ello para introducir lo que parece ser el mayor predicamento del Estado colombiano, su debilidad ha sido proverbial. En tiempos recientes Estados Unidos ayudó en forma notable a superar, por lo menos en algunos aspectos (Fuerza Pública, Inteligencia) esta debilidad cuasi estructural y ello permitió no sólo mayor seguridad sino mayor confianza y hasta un notorio progreso económico y social.Con todo, las otras dimensiones de esa debilidad son evidentes. El Tiempo de ayer, en primera página, con alguna complacencia señala que el 45,6% de los funcionarios están dispuestos a denunciar la corrupción. ¡Caramba! No lo han hecho hasta ahora y debiera ser el 100%. Ello revela nuestra connivencia con la debilidad. La corrupción es una de sus principales y más preocupantes manifestaciones.El paro de la Administración de Justicia, que sobrepasará los noventa días, es alarmante. Y lo es aún más la actitud frente al mismo. Es normal. No pasa nada. ¿Por qué hacerse preguntas? El anuncio de la suspensión de actividades de la Contraloría General de la República es aún más escandaloso. Pero igual, es normal, esas cosas ocurren…Seguimos hablando de “universidades de garaje”. Por favor, si eso ya no existe, si lo que tenemos ahora son centros comerciales y financieros, de dudosa ortografía, que se autodenominan universidades. Y no nacieron ayer. Su presencia es notoria. Y frente a un fenómeno tan deplorable, hay complicidad de directivos, profesores, estudiantes, padres de familia y la sociedad toda. Y lo que ocurre en algunas universidades públicas no es menos preocupante.Pero claro, estos y otros ejemplos de palmaria debilidad del Estado, no pueden ocultar el más notorio de todos: la persistencia de grupos guerrilleros que juegan a ser carteles de la droga ilegal, de la explotación ilegal del oro y del coltán, del contrabando de gasolina. Y, claro está, los propios negocios criminales que se han establecidos desde tiempos inveterados, el contrabando y en nuestro tiempo el negocio criminal de las drogas, pues son expresiones descomunales de la debilidad del Estado.No hablemos del Sistema Pensional, o del Sistema de Salud, etc. Sí hay que mencionar un fenómeno similar en el nivel subestatal: departamentos, ciudades, pequeños municipios, instituciones descentralizadas. Bogotá es un ejemplo monstruoso. Si en la capital ha pasado lo que todos conocemos, lo que ahora vemos y sufrimos, ya podemos imaginar lo que ocurre en otros contextos.Por ello, la desconfianza que revelan las encuestas en las instituciones es apabullante. Y el tema no se toca.

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